Por Robert Newport
16 septiembre 2024
La invasión de la Franja de Gaza por parte de Israel —también la de Ucrania por parte de Rusia—, tiene en vilo a Europa y a Estados Unidos. Se está cometiendo un genocidio, masacrando indiscriminadamente a la población civil. Miles de niños fallecidos en los hospitales pediátricos, por los bombardeos y la falta de medicamentos. Amputaciones realizadas sin anestesia… Todo un despropósito. La sospecha de la existencia de terroristas no puede justificar semejante masacre. Y esas muertes no pueden considerarse daños colaterales. Son crímenes flagrantes: bombardean, con conocimiento de causa, escuelas, hospitales, campos de refugiados…, sabiendo que en cada bombardeo van a morir cientos de personas que nada tienen que ver con el Movimiento de Resistencia Islámica «Hamás».
Es desgarrador ver en televisión las imágenes de niños llorando, abrazados a los cuerpos sin vida de sus padres o hermanos. Niños huérfanos, deambulando entre los escombros, sin saber qué hacer ni a dónde ir. Es conmovedor oír a una niña de corta edad manifestando su deseo de poder llegar a cumplir los 12 años, antes de que una bomba acabe con su vida.
La sinrazón de las invasiones en la Franja de Gaza y en Ucrania, está dejando un rastro de destrucción y muerte que parece no tener fin. Netanyahu y Putin están perpetrando un exterminio sin paliativos. La Corte Penal Internacional tendrá que poner «firmes» o «de rodillas» a estos genocidas.
Publicado en ‘La Región’
(23.09.2024) y en 'Faro de Vigo' (07.10.2024), en la sección ‘Cartas al Director’