domingo, 8 de junio de 2014

Bandas de Barrio












Por Robert Newport
07 junio 2014

En aquellos años de mi niñez (final de los ’40 y principio de los ’50), existían en Vilagarcía las llamadas ‘Bandas de Barrio’ -alguna de cierto ‘prestigio’-, entre las que destacaban las de los barrios de O Castro, O Ramal, Ravella, San Roque… Pero -¡ojo!-, nada tenían que ver con las actuales ‘Bandas Urbanas’. Que nadie se imagine a grupos radicales como los que, lamentablemente, en los últimos tiempos, acostumbramos a ver en las manifestaciones en las grandes ciudades. Nada más lejos. Únicamente se trataba de ‘crios’ (de 7 a 9 años, excepto el jefe que tendría unos 12 años) que, de vez en cuando se liaban a pedradas, directamente o con tirachinas, contra los miembros de otra Banda, como entretenimiento seudobélico de acción directa.

En más de una ocasión, para qué negarlo, aquellas ‘batallas campales’ acababan con ‘heridas de guerra’ cuyas cicatrices quedaron como recuerdo imborrable -nunca mejor dicho-, para toda la vida, como testimonio de una niñez sin televisión, sin consolas ni ordenadores, sin teléfonos móviles… Eran juegos primitivos, sin llegar a ser salvajes; aunque, si bien es cierto que calificarlos de cruentos sería exagerado, tampoco estaban exentos de riesgo.

Recuerdo que la fuente de O Castro, que ya entonces carecía de caños y de agua, era el ‘arsenal’ de cantos rodados para las guerrillas de la Banda de O Castro. Toda la ‘munición’ se iba almacenando en aquel enorme y pétreo depósito de configuración octogonal.

Yo, aunque pertenecía a la Banda, únicamente colaboraba en el aprovisionamiento de la munición. También suministraba las tiras de caucho para los tirachinas, que recortaba de neumáticos inservibles del taller de mi abuelo. Pero nunca participaba en las guerrillas, porque no comprendía el motivo por el que se entablaban aquellas contiendas sin sentido, previamente concertadas, sin existir ningún motivo aparente que las justificara. Sin embargo, una tarde en la que, al parecer, la contienda se temía que fuera muy violenta, el jefe de la Banda, del que no recuerdo su nombre ni su cara, me dijo que hacían falta todos los efectivos; y que, si no era un cobarde, tenía que ir a ‘luchar’ como los demás. Aquella orden, totalmente inesperada, me produjo cierta inquietud; sobre todo, pensando en el disgusto -¡uno más!- que les daría a mis abuelos si resultaba herido.

Aquella tarde gris y desapacible, a la hora prevista, pertrechados con unas rudimentarias bolsas de tela, con bandolera -que nosotros mismos habíamos confeccionado-, llenas de munición a reventar, y con el tirachinas en el bolsillo del pantalón, partimos hacia el ‘campo de batalla’: el Jardín de Ravella.

Cuando llegamos, los componentes de la Banda de Ravella nos estaban esperando. Por el abultado aspecto de sus bolsas y bolsillos, se deducía que también ellos habían hecho un gran acopio de munición. Los jefes de ambas Bandas se saludaron y, después de un breve parlamento, regresaron a sus puestos de mando. Cada jefe distribuyó, estratégicamente, a sus ‘guerrilleros’, designando un vigilante por si aparecía un guardia municipal. A la orden de “¡al ataque!”, empezaron a llover piedras en ambas direcciones. Era mi primera guerrilla; y, entre otras sensaciones, estaba ‘alucinado’. Desde mi posición, agazapado detrás de uno de los árboles del paseo central del jardín, observaba el desarrollo de la contienda sin atreverme a lanzar una sola piedra. Me preguntaba, ¿qué demonios hacía allí si nadie me había provocado ni ofendido? ¿Por qué tenía que lanzarles piedras que podían dañarle un ojo o, en el mejor de los casos, hacerle un ‘chichón’ en la cabeza? ¿Por qué tenía que exponerme a recibir una de aquellas pedradas? Los gritos del jefe de mi Banda, que me observaba desde su posición, me devolvieron a la realidad de la contienda: “¡Roberto, coño, dispara!” “¡Neutraliza a aquellos tres de la derecha!” “¡Me estoy quedando sin munición…!”. No sé de dónde saqué el valor, pero mi tirachinas parecía un arma de repetición. Cargaba, me asomaba y disparaba. Así, una y otra vez, como si me fuera la vida en ello. Recibí varios impactos, afortunadamente sin importancia, en los dedos de mi mano derecha y en el brazo. Por mi parte, en mi frenético lanzamiento, herí a un contrario en la parte alta de la frente; a otro, en una mejilla; y a un tercero, en una oreja.

Afortunadamente para nosotros, no hizo acto de presencia ninguna autoridad municipal; que, de haberse presentado, nos habría puesto las cosas muy difíciles. Al mismo tiempo, la desapacible meteorología propició que no hubiera gente en el Jardín. Aquella tarde, los astros se alinearon a nuestro favor.

El combate se mantuvo hasta que ambos bandos agotamos las municiones. Llegado ese momento, nos replegamos. Las bajas, escasas y de poca importancia, fueron equiparables. No hubo vencedores ni vencidos.

Después de aquella experiencia, de la que, por fortuna, salí indemne, decidí que carecía de sentido seguir perteneciendo a una Banda de Barrio, y dí por concluida mi militancia.

lunes, 2 de junio de 2014

Escuelas unitarias

Por Robert Newport
02 junio 2014


Las Escuelas Unitarias, singulares en su concepto, cumplen una función de vital importancia en la formación del alumnado de Enseñanza Primaria.
La singularidad de estas escuelas radica en la cercanía, con los alumnos y con sus familias, y en una atención personalizada adaptada a la diversidad de edades y características particulares del alumnado. Todo se  desarrolla en un ambiente de cercanía y familiaridad, en el que el profesor o profesora (maestro o maestra) vive, con eficacia e intensidad únicas, la evolución de cada alumno. Todo ello se traduce en una enseñanza global que requiere, sin duda, además de una buena preparación, un gran esfuerzo por parte del educador.

No debemos olvidar que las Escuelas Unitarias representan la esencia y el espíritu del conocimiento educativo. En ellas, los alumnos entran en contacto con la cultura; y los profesores, con su intensa labor docente, se hacen maestros. Estas escuelas, del mismo modo que sus maestros, conforman la memoria histórica de nuestros pueblos y aldeas. Dicho esto, considero que el pretendido cierre de escuelas como la de Pedroso, en Bamio (Vilagarcía), supondría un deterioro de la calidad de vida en las zonas rurales. ¡Y eso sería un disparate! 


(Publicado en 'Faro de Vigo' del 16.05.2015, en la sección 'Cartas al Director')

sábado, 17 de mayo de 2014

Provocación

Por Robert Newport
16 mayo 2014


¡Nos hemos vuelto locos! Está visto que la crisis económica no es tan global como dicen. Que alguien me explique, con palabras sencillas que yo pueda entender, cómo es posible que en este país, en el que la pobreza alcanza ya unas cifras escandalosamente alarmantes, se le paguen 20 millones de euros netos al año a un futbolista -¡me da igual de quién se trate!-, por darle patadas a un balón. Y no siempre con acierto.

No pretendo cuestionar las cualidades o habilidades del deportista, pero convendrán conmigo en que únicamente se trata de fútbol. Nada más. Aunque, a la vista de la relevancia adquirida por este deporte balompédico, reconozco que tenía razón el que dijo que el fútbol es el ‘opio’ del pueblo. Y continuamos narcotizados.

¿Cómo es posible que ocurra esto en un país con 6 millones de parados, con familias en las que todos sus miembros están desempleados y viven de la caridad? ¿Cómo es posible que ocurra esto en un país en el que muchos menores viven por debajo del umbral de la pobreza, pasan hambre o sólo pueden permitirse comer una vez al día -¡y mal!- a costa del ayuno de sus padres?

Se mire por donde se mire, considero que se trata de una provocación, de una obscenidad. Como también lo es que no exista una norma legal que impida estos desmanes. 

(Publicado en 'La Voz de Galicia' del 18 de mayo de 2014, en la sección 'Cartas al Director')

lunes, 12 de mayo de 2014

Nada ha cambiado

Por Robert Newport
12 mayo 2014

La Europa que pretendemos seguir construyendo y consolidando, exige plena dedicación, seriedad y, sobre todo, solvencia. Requiere, en definitiva, que se trabaje por el bien común de los países miembros y, muy especialmente, por el de sus ciudadanos. Por otra parte, para recuperar el estado de bienestar al que todos tenemos derecho, es necesario demostrar la suficiente voluntad política para que prevalezca -¡siempre!- el interés general sobre el interés partidista.

En esta campaña electoral, de la que saldrán nuestros representantes en el Parlamento Europeo, los ciudadanos esperábamos de los candidatos y mitineros políticos que no recurrieran al insulto, a la descalificación, ni al reproche. Esperábamos que nos hablasen de cómo piensan articular los mecanismos necesarios para la creación de empleo estable y de la igualdad de oportunidades, de derechos y deberes, y de garantizar las ayudas sociales y las pensiones. También, de cómo y cuándo se solucionará la actual crisis económica… Que nos dijeran, en fin, cómo piensan gestionar y defender nuestros intereses, y no, exclusivamente, los suyos y los del partido al que representan.

Lamentablemente, nada ha cambiado: continúan insistiendo, reiterativos hasta el aburrimiento, en la estrategia de la descalificación del adversario político, haciendo gala de una incontinencia verbal decepcionante. Es el discurso recurrente, carente de argumentos convincentes, muy propio de políticos de vía estrecha. Es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Han elegido, una vez más, el camino equivocado. Y así nos va.

(Publicado en 'La Voz de Galicia' del 14 de mayo de 2014, en la sección 'Cartas al Director')

domingo, 4 de mayo de 2014

De ‘The West Galicia Railway’ al ‘Hospedaje de Francisco Porto’

LOCOMOTORA 'SAR' ('SARITA')



Francisco Porto Codesido (1910)



Por Robert Newport y Juan Carlos Porto
03 mayo 2014

En la segunda mitad del siglo XIX, el matrimonio formado por nuestros bisabuelos, Francisco Porto Codesido y Carmen Rey Formoso, regentaba el ‘Hospedaje de Francisco Porto’ que, situado inicialmente al lado de la primigenia Estación de Ferrocarril (hoy reconvertida en Museo del Ferrocarril), continuó su actividad en la casa familiar, otrora hospedaje de reconocido prestigio, donde algunas familias influyentes de la época pasaban sus vacaciones estivales.

El trato amable y familiar que Francisco y Carmen le dispensaban a sus huéspedes, unido a la excelencia y exquisitez de su cocina, determinaba la notoriedad y el prestigio de aquel establecimiento. Uno de los menús que tenía gran aceptación, cuyo importe ascendía a la, hoy increíble, cantidad de nueve pesetas, incluía: pescado, un pollo entero, postre, café y copa. También un cigarro puro, obsequio de la casa. No es de extrañar, por tanto, que el restaurante estuviera siempre a rebosar. Aquella desbordante afluencia de comensales les obligó a contratar personal. Uno de los contratados, Edelmiro, el cocinero, era vecino del lugar de Godos. Hombre polifacético, que también ejercía de jardinero, de peluquero… Es decir, lo que hoy denominamos: un todoterreno. Años más tarde, el bueno de Edelmiro decidió marcharse a la República Argentina, a probar fortuna. Y, lo qué son las cosas, transcurrido el tiempo, llegó a ser el cocinero personal del presidente de la nación.

Francisco Porto Codesido, el patriarca de la familia, era un hombre de ensortijado pelo rubio, que en su rostro, haciendo honor a la moda de la época, lucía frondosos bigote y perilla. Circunspecto pero amable, con una gran personalidad, su presencia no pasaba inadvertida. La compañía ‘The West Galicia Railway Company Limited’, en la que trabajaba como mecánico, cuyo gerente era Mr. John Trulock, lo envió a Inglaterra para formarse en el conocimiento del proceso de fabricación y manejo del modelo de locomotora de inspección y maniobra al que pertenecía la Sar, que, por su pequeño tamaño, era conocida entre los ferroviarios con el apelativo de la Sarita’.

Durante su estancia en Inglaterra, que se prolongó dos largos años, nuestro bisabuelo no sólo aprendió inglés -idioma que llegaría a dominar, absolutamente-, sino que también se dejó seducir por el talante costumbrista anglosajón. Por ejemplo, como norma de conducta que observaría hasta el fin de sus días, tomar el té con pastas a las cinco de la tarde, que ya es un ritual en sí mismo, presumimos que para él era como un acto de fe.

Situada enfrente del Parque y Playa de Compostela, aquella casa familiar que, posteriormente, en la primera mitad del siglo XX, fue adquirida por Charles Lessner y su esposa, Josefina Porto (yerno e hija de Francisco y Carmen), tenía un ancho portalón de entrada, con puertas enrejadas de hierro forjado, que daba acceso a un patio descubierto en el que se encontraba la fachada norte de la casa. En dicha fachada, debajo de un tejadillo acristalado, destacaba la magnífica y lustrosa puerta de entrada, en la que todos los accesorios de bronce pulimentado: mirilla, aldaba, pomo y escudo de cerradura, estaban siempre relucientes. Al entrar, un amplio vestíbulo, en el que tenía una gran presencia la señorial y alfombrada escalera de acceso al piso superior, en cuyos escalones y pasamanos destacaban bruñidos accesorios de bronce, daba la bienvenida al visitante. La amplitud de sus puertas y estancias, así como el mobiliario, denotaban una época pasada de gran esplendor. La cocina, cuya amplitud permitía la presencia de una mesa de comedor de grandes dimensiones, estaba presidida por una enorme chimenea sobre el hogar. Y el cuarto de baño, igualmente amplio y luminoso, disponía de todos los elementos necesarios para el completo aseo personal.

Detrás de la casa, un amplio patio para el esparcimiento y comidas al aire libre daba acceso a una huerta de árboles frutales, surcada por un regato de agua transparente -que el progreso industrial se encargó de contaminar-, cuya extensión se prolongaba hasta la vía del ferrocarril.

Nuestros recuerdos de los últimos moradores de aquella casa, no van más allá de nuestras tías abuelas, Josefina y Luisa, y de los hijos de esta última: Catuxa, Francisco (Pancho) y José Luis (Tito) Rey Porto. Así como, también, de Héctor Paulos, marido de Catuxa.

A tía Josefina, ya entonces viuda de Charles Lessner, la recordamos muy dicharachera, con una exquisita educación y un gran sentido del humor. Su mirada, a través de las lentes de sus gafas -o por encima de ellas-, era penetrante y aparentemente inquisidora. Sin embargo, enseguida se dibujaba una sonrisa en sus labios, dulcificando la expresión, que dejaba traslucir la bondad de su carácter. Era una mujer muy culta, apasionada de obras literarias en lengua inglesa, y una gran conversadora.

Tía Luisa, de menor estatura que su hermana Josefina, destacaba por su cutis de porcelana. Aquella mujer menuda y frágil, de tez nívea y refinados modales, tenía una presencia de delicada exquisitez. Su carácter era muy reservado. La cruel sinrazón de la Guerra Civil, que la dejó viuda y con tres hijos pequeños, marcó su vida para siempre.

Francisco y Carmen, nuestros bisabuelos, principales protagonistas de esta historia, tuvieron dieciséis hijos, cinco de los cuales fallecieron prematuramente. Los once que habían sobrevivido, fueron  bautizados como: Francisco, Domingo, José, Ramón, Manuel, Josefina, Hermitas, Carmen, Dolores, Luisa y Consuelo. De todos ellos, nosotros únicamente hemos conocido a Domingo, Ramón, Josefina y Luisa.

Francisco Porto Codesido (+17.03.1928) y Carmen Rey Formoso (+07.07.1935), a los 79 y 81 años de edad, respectivamente. In memóriam.


(Texto revisado el 15.12.2016)



CASA FAMILIAR Y HOSPEDAJE FAMILIA PORTO-REY


Josefina y Luisa Porto Rey, en la huerta de la casa familiar

Anuncio en 'Crónica Carrileña' (10.10.1893)


martes, 1 de abril de 2014

Adolfo Suárez. Retazos de la Transición

El martes, 13 de julio de 1976, Adolfo Suárez realizó un viaje relámpago a París en un ‘Mystere’ oficial, para dar garantías a Giscard d’Estaing, que había estado presente en la coronación del Rey Juan Carlos, de que la transformación democrática iba en serio y solicitar de las autoridades francesas colaboración para que los terroristas vascos no estropearan la fiesta. El nuevo Gobierno, presidido por él, había sido recibido con frialdad y escepticismo en las cancillerías europeas y con Giscard el presidente Suárez nunca acabó de entenderse. La primera vez que entró en el palacio del Elíseo, observó que el presidente francés, en vez de salir a su encuentro, le esperaba inmóvil al fondo del pasillo. Entonces Adolfo Suárez se paró y se puso a contemplar un cuadro en la pared, lo que obligó al arrogante Giscard a avanzar hacia él. Se dice que a la hora del almuerzo, Giscard d’Estaing le preguntó a Suárez qué vino elegía. Y Suárez respondió: ‘Ninguno, tomaré un vaso de leche’, lo que se interpretó casi como un sacrilegio: un desprecio a la cultura francesa.

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Parece que, desde la muerte de Fernando Herrero Tejedor -que era el principal candidato- don Juan Carlos pensó en Suárez para encabezar el primer Gobierno de la Corona.

Pocos días después de dejar la Vicesecretaría del Movimiento, Luis María Ansón, según cuenta en su libro Don Juan, recibió una llamada muy especial: El Príncipe llama a Ansón, director entonces de la revista Blanco y Negro. ‘Por favor -le pide-, cuídame a Adolfo Suárez. Es uno de los pocos hombres seguros que tengo en ese sector’. Ansón lo hace lo mejor que puede y organiza un homenaje político de Blanco y Negro al que sólo un año después será presidente del Gobierno de la Monarquía’.

Ansón hace a Suárez ‘político del mes’. José Solís, ante el que el Príncipe también había intercedido a favor del homenajeado, dijo en el acto de homenaje: ‘Adolfo Suárez no es sólo el político del mes. Aquí hay político para muchos meses y para muchos años’.

Solís cumplió también otra petición del Príncipe: que colocara a Suárez al frente de la UDPE (UNIÓN DEL PUEBLO ESPAÑOL), la asociación política que había impulsado Herrero Tejedor. El hijo de éste, Luis Herrero, cuenta también una significativa escena en el Pardo. Acudió la junta directiva de la UDPE a cumplimentar a Franco. Y ante Franco, mientras Fernando Fuertes de Villavicencio, jefe de la Casa Civil del Caudillo, se llevaba las manos a la cabeza, Adolfo Suárez dijo:

‘Esta asociación política no es más que un embrión imperfecto e insuficiente del pluralismo político que será inevitable cuando se cumplan las previsiones sucesorias’.

Franco no parpadeó. Cuando acabó el acto se despidió estrechando la mano a cada uno. Al llegar a Suárez le dijo: ‘Suárez, quédese un momento’. Después le pidió explicaciones: ‘¿Por qué tenía tanto empeño en hablar aquí de democracia?’ Y Adolfo Suárez le respondió:

‘Porque estoy convencido de que es así, excelencia. La llegada de la democracia será inevitable porque lo exige la situación internacional. España es una isla. La gente respeta a Franco, pero no quiere esta situación. La gente quiere homologarse con lo que hay fuera, y cuando usted falte, ese deseo de un futuro democrático para España será imparable…’

Franco guardó silencio, le miró de arriba abajo y le dijo: ‘Entonces, Suárez, también habrá que ganar, para España, el futuro democrático’.

……….

En el otoño de 1977 se fraguaron los Pactos de la Moncloa, una especie de ‘compromiso histórico’ español. En el gobierno que nace de las primeras elecciones democráticas, de fuerte componente económico, hay unanimidad en que el problema más acuciante es precisamente el de la economía. Se tantean las fórmulas mejores para afrontarlo. El vicepresidente político, Abril Martorell, y el vicepresidente económico, Fuentes Quintana, colaboran activamente al pacto y a la negociación. Este entendimiento previo era además el mejor camino para una Constitución consensuada.

La cita en el Palacio de la Moncloa fue el día 7 de octubre. Los primeros en llegar fueron los vascos y catalanes; luego, los comunistas, con Santiago Carrillo y Ramón Tamames, que estaban muy interesados en alcanzar un acuerdo. Y después, el resto. Los últimos fueron los socialistas: Felipe González, acompañado de Joaquín Leguina. El más pesimista, antes de la reunión, dentro del Gobierno era Fernández Ordoñez: ‘Aquí no va a venir nadie -repetía-, y, si vienen, no vamos a pactar’. Suárez le replicó: ‘Van a venir y van a pactar’.

La sesión se abre a las diez y cuarto con unas palabras del presidente del Gobierno. Suárez explica que la situación económica del país aconsejaba un conocimiento de la misma por parte de todos. Lo que se pretendía era alcanzar, entre todos, un diagnóstico para abordar la crisis. En ese momento, según ha contado el profesor Fuentes Quintana, Manuel Fraga levantó la mano para pedir la palabra y dijo: ‘Señor presidente, si usted piensa que hemos venido aquí para respaldar cualquier política del Gobierno, está en un profundo error, porque el deber de un Gobierno es gobernar y elegir la opción que estime más pertinente, por impopular que pueda ser’. Suárez le respondió que él no pensaba compartir su responsabilidad con nadie, pero sí el conocimiento de los hechos. ‘El que quiera puede colaborar y el que no, puede marcharse’, vino a decir. ‘Y esto -opina Fuentes Quintana- ató al señor Fraga y a toda la mesa para toda la reunión’.

El plato fuerte de la primera sesión fue un discurso del propio Fuentes Quintana, expresado con mucha pasión y que duró una hora. Encontró un apoyo total de Enrique Tierno (PSP), que acudió acompañado de Fernando Morán. A continuación intervino Jordi Pujol. El dirigente catalán dijo: ‘Aquí hay unos números, hay unas cifras, y esos números y esas cifras a mí me cuadran. Quiero saber si hay otros números u otras cifras en el entorno de la mesa’. El tercero en tomar la palabra fue el comunista Santiago Carrillo. Era la intervención más esperada. Carrillo, que había llegado ya a un preacuerdo con Suárez, apoyó el pacto con rotundidad. Fraga puso en duda incluso las cifras ofrecidas, lo que le valió un ‘suspenso’ del profesor Fuentes Quintana, y Felipe González dijo que el programa le parecía digno de discutirse, pero que la discusión iría para largo.

Los Pactos de la Moncloa, como se conocieron enseguida, constaban de unos acuerdos de materia jurídico-política -que no firmó AP-, de una serie de medidas económicas de saneamiento urgente -inflación, desequilibrio exterior…- y las reformas necesarias para repartir con justicia el coste de la crisis, reestructurar los sectores productivos e instaurar de forma consensuada una economía social de mercado. Partían del hecho de que la prolongación de la situación conduciría al ‘colapso económico con gravísimas consecuencias políticas’.

En el acuerdo político se incluía la plena regulación democrática de los derechos de reunión y asociación, de las libertades de expresión e información, y la reorganización de las Fuerzas de Seguridad. En los acuerdos económicos figuraba, además de la política de saneamiento, la reforma fiscal, la del sistema financiero y la de las relaciones laborales.

Los Pactos fueron firmados el día 25 de octubre en el palacio de la Moncloa por Adolfo Suárez, Felipe González, Joan Reventós, Josep María Triginer, Manuel Fraga, Enrique Tierno Galván, Juan Ajuriaguerra, Miquel Roca, Leopoldo Calvo Sotelo y Santiago Carrillo.

Dos días más tarde el presidente Suárez los presentaba al Parlamento, como programa.

……….

En el Senado, presidido por Antonio Fontán, se afianzó el consenso alcanzado en el Congreso, incluso en temas especialmente delicados, como la educación. El ultraderechista Blas Piñar advirtió: ‘Detrás de la Constitución se agazapa el marxismo; el compadreo y el consenso van a constitucionalizar el caos’.

……….

El espionaje argelino había intensificado su actividad en España, aunque el ministro de Exteriores, Buteflika, lo negara. Dado el enfrentamiento entre Rabat y Argel, el Gobierno español tenía que mantener un difícil equilibrio diplomático en el norte de África. El 27 de enero de 1978, llegaba a Madrid, en visita semiprivada, Hassán II de Marruecos, que había solicitado reiteradamente la invitación oficial. El pretexto fue una cacería. El mal tiempo impidió ir de caza. Los Reyes de España y Marruecos y el presidente Suárez tuvieron tiempo de hablar largo y tendido en La Zarzuela. Hubo momentos en que la conversación entre Hassán II y Suárez se hizo tensa por discrepancias sobre el significado y alcance de una Monarquía parlamentaria y, sobre todo, cuando el monarca marroquí insinuó la posibilidad de invadir Ceuta y Melilla.

-En ese caso -advirtió Suárez- nosotros bombardearemos inmediatamente Rabat y Casablanca.

- No, ustedes no harán eso.

-Esos son nuestros planes. Se lo aseguro.

Al final hubo una especie de compromiso. Hassán II se comprometió a mantener la situación mientras los ingleses siguieran en Gibraltar. Pero no consentiría que España tuviera algún día las dos llaves del Estrecho.

Abel Hernández, en su columna en el YA del 24 de septiembre de 1984, escribía:

“La conversación ocurrió al anochecer de un día lluvioso en el Palacio de La Zarzuela, en pleno período constituyente. Estaban presentes los Reyes de España, el Rey de Marruecos y el presidente Suárez. Hassán II se explayó mostrando sus objeciones a la reforma política iniciada en España. En un momento dado, Adolfo Suárez no pudo contenerse y expresó su ‘más absoluto desacuerdo’ con las opiniones del monarca alauita.

- ¿Qué pasa -inquirió, sorprendido, Hassán II-, que usted quiere subir al ring conmigo?

-  Donde quiera y cuando quiera, señor.

- Está bien. Esperemos a que la Reina se retire a descansar y subimos al ring.

- La Reina se retirará a sus habitaciones cuando lo considere oportuno. Por mi parte ofrezco a la Reina tribuna de preferencia para presenciar el combate.

En este tono comenzó la larga, educada y dura confrontación entre el Rey de Marruecos y el presidente Suárez en presencia de los reyes de España. En un momento determinado, el monarca alauita amenazó:

- Usted sabe de sobra que Ceuta y Melilla no tiene defensa ante un ataque de las Fuerzas marroquíes.

- Es posible que ante un ataque por sorpresa sea difícil la defensa de Ceuta y Melilla, pero sepa Su Majestad que nuestros Ejércitos procederían inmediatamente al bombardeo de Rabat y de Casablanca. ¿Lo ha tenido usted en cuenta?

- ¡Ustedes no harían eso…!

- Eso es lo que está estipulado en nuestros planes estratégicos de defensa. Naturalmente que lo haríamos. Bombardearíamos las principales ciudades de Marruecos”.

……….

Carta de Adolfo Suárez a Abel Hernández, autor del libro ‘FUE POSIBLE LA CONCORDIA, en la que, el todavía presidente, muestra su actitud hacia la libertad de expresión.

Querido Abel: Estas líneas son de gratitud.

Por el apoyo moral que, desinteresada y noblemente, quisiste prestar siempre, desde tu observatorio periodístico, a una labor que no ha tenido más objetivo que el pueblo español.

Por tus artículos más críticos, nunca empañados por el velo de la enemistad, que me han ayudado muchas veces a ver, limpiamente, el efecto de mi acción sobre la opinión pública.

Por esta colaboración inestimable que sólo se puede pagar con la amistad que ahora, al dejar el puesto ocupado desde 1976, puede ofrecerte tu buen amigo, Adolfo Suárez.

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Adolfo Suárez, apartado de la actividad política, se dedicó intensamente a su familia. Cuando Felipe González o José María Aznar han requerido su consejo, se lo ha dado generosamente.  Mientras viva, llevará dentro el veneno de la política.

En noviembre de 1995 declaraba al New York Times:

‘Soy consciente de que yo he estado presente en un momento histórico importante. Pero no quiero hablar. Tengo graves problemas en mi familia y una deuda con ellos. Además todo lo que digo se distorsiona. Cada vez que digo algo se anuncia que voy a regresar a la política, que voy a volver a fundar un partido. Pero no voy a volver. Nunca’.

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Fuente: FUE POSIBLE LA CONCORDIA, Adolfo Suárez.  Edición de Abel Hernández. ESPASA.


lunes, 24 de febrero de 2014

Cartas a un amigo imaginario, 2014

25  febrero 2014



Amigo imaginario:

Empezó un nuevo año, se consumió el mes de enero, estamos finalizando febrero y… ¡Todo sigue igual! La cifra de parados continúa siendo escandalosa. La corrupción y el fraude, lamentablemente, siguen estando de actualidad, descubriéndose nuevos casos cada día. El Gobierno del Partido Popular, con su mayoría absoluta, aprueba nuevas leyes que coartan la libertad y los derechos de los ciudadanos. Los recortes -¡malditos recortes!-, están acabando con lo poco que queda del estado de bienestar… La arrogancia y la prepotencia de nuestros gobernantes -que andan más perdidos que un pingüino en el Caribe- nos están llevando al borde del abismo. Los partidos políticos, los gobiernos autonómicos, las diputaciones provinciales, los ayuntamientos, los bancos y cajas de ahorros, incluso la institución otrora más respetable y respetada, se han convertido en confortables cuevas de Alí Babá de ladrones insaciables… ¡Qué vergüenza de país!

Últimamente, querido amigo, mis cartas son monotemáticas. Siempre toco los mismos temas: política, corrupción, paro… Pero es que lo que está ocurriendo en este suelo patrio en los últimos tiempos, acapara toda la atención. Y no queda espacio para otras cuestiones. No se atisba un horizonte mínimamente definido y esperanzador. Cada día que pasa, la duda y la incertidumbre sobre el futuro que nos espera -suponiendo que haya futuro- se apoderan de nosotros, atenazándonos. 

Los que pertenecemos a la generación de la primera mitad del siglo pasado, que hemos sufrido las razonables carencias de la posguerra -unos más que otros, naturalmente-, vivimos la dictadura sin tener de ello un conocimiento reflexivo -y mucho menos, conciencia política-, y fuimos testigos de la Transición a un nuevo, anhelado y prometedor sistema político: la Democracia. También, expectantes, comprobamos que fue posible la concordia y la reconciliación entre viejos antagonistas políticos. Y lo hemos celebrado.

Han transcurrido algo más de tres décadas desde entonces. La Democracia se instaló -¡al fin!- en el país y en nuestras vidas. Sin embargo, ¿qué queda hoy de aquel estado de bienestar que, con tanto esfuerzo, habíamos conseguido? ¿Qué podemos esperar de un Gobierno que, ignorando el clamor popular, hace y deshace a su antojo? ¿Con qué tienen pensado sorprendernos los próximos dos años que restan de legislatura? Es tal la impotencia que siento, amigo mío, que únicamente me queda confiar en que las urnas pongan a cada uno en el sitio que le corresponde. Aunque, ciertamente, las opciones que nos ofrece el actual panorama político no son nada tranquilizadoras.

Visto lo visto, podemos aseverar que el problema no está en el sistema político, sea cual sea, sino en el uso -y, sobre todo, en el abuso- que se haga de él. Y ese uso -o abuso-, lo ejercen las personas que ostentan el poder. Y no siempre -o pocas veces- esas personas están suficientemente preparadas para gestionar ese poder conferido. Y así nos va.

Un fuerte abrazo.
 Robert 



23  marzo 2014



Amigo imaginario:

Hoy, al filo de las tres de la tarde, falleció Adolfo Suárez González, primer presidente del Gobierno de la Democracia. Sabes que siempre sentí por él gran admiración y respeto. Lo he expresado en muchas ocasiones; y hoy, más que nunca, me reafirmo en ello.

No voy a hacer una exposición de los méritos de Adolfo Suárez, ni de sus éxitos y fracasos: luces y sombras, que las hubo. Tampoco voy a ensalzar su figura de hombre de Estado. No es necesario que lo haga. Su brillante y ejemplar trayectoria política es sobradamente conocida. Sin embargo, amigo mío, sí quiero destacar que, aunque nunca antes había tenido conciencia política, la llegada de Adolfo Suárez al panorama político de nuestro país me infundió una gran confianza. Me agradó su personalidad, su poder de convicción, su capacidad de trabajo, su carácter dialogante y conciliador, su honestidad… Fue, por decirlo de algún modo, mi norte político.

Aquel jueves, 29 de enero de 1981, cuando Adolfo Suárez hace pública su dimisión como presidente del Gobierno a través de la televisión, me sentí políticamente huérfano. Y así continúo desde entonces.

Tendrán que transcurrir muchos años -¡muchos!-, hasta que este país vuelva a tener un político de la talla de Adolfo Suárez. Su sentido del deber, como hombre comprometido, le llevó a dedicar todo su tiempo y esfuerzo a gobernar este país en unas circunstancias especialmente adversas: crisis económica, terrorismo y malestar en las Fuerzas Armadas. Aquella dedicación le llevó a descuidar la atención a su partido. Y pagó un alto precio: la soledad. Se sintió abandonado por sus afines políticos, que conspiraron para abatirlo. Fue acosado y calumniado injustamente. Todo lo soportó con admirable humildad, con resignación franciscana,  con exquisita elegancia.

Hemos perdido a un gran hombre de Estado, un político irrepetible. Su nombre quedará grabado con letras de oro en la historia de este país.

Sólo te pido, querido amigo -a la vista del contenido de esta carta-, que analices, pausada y reflexivamente, la actual situación política y el comportamiento de sus actores: fraude, corrupción, falsedad, prepotencia, promesas incumplidas… Y saques tus propias conclusiones.

Un fuerte abrazo.
Robert


20  abril 2014



Amigo imaginario:

En los últimos tiempos, cada vez con mayor frecuencia, la información que recibimos sobre la pobreza, con unas cifras escandalosamente alarmantes, no deja de sorprendernos. Pero lo más preocupante de esas cifras, que antes nos sonaban ajenas y muy lejanas, es que ahora corresponden a nuestro país, a nuestra ciudad, a nuestro barrio. Hoy, son nuestros propios vecinos los que la padecen.  Mañana... ¡Quién sabe!

Los últimos informes de Cáritas y Unicef, querido amigo, reflejan un alarmante aumento de los menores que, en nuestro país, viven por debajo del umbral de la pobreza. Y si no se toman medidas urgentes, esos menores pasarán a ser una mera estadística. Pero no de pobreza, sino de algo más dramático e irreparable. ¿Cómo es posible que en este país, en el que los casos de corrupción equivalen a miles de millones de euros, los niños pasen hambre? ¿Cómo es posible que el Gobierno niegue esta evidencia, cuando todos sabemos que muchos menores sólo pueden comer una vez al día -¡y mal!-, a costa del ayuno de sus padres? ¿Cómo es posible que en este puñetero país de cuentistas y vividores se haya permitido dilapidar, de manera tan irresponsable, cantidades astronómicas en construcciones faraónicas -tan innecesarias como inútiles-, que nos ha llevado a esta lamentable situación de indigencia y miseria? ¿Cómo es posible que nos encontremos en una situación similar a la vivida en la posguerra? ¡¿Cómo es posible?!

Que desde el Gobierno nieguen que esta situación se esté produciendo, denota que viven en un nivel muy superior, elevado como las altas cumbres, oteando el horizonte, y no se dignan mirar hacia abajo para ver lo que está ocurriendo en la ladera y en el valle: en los hogares y calles del pueblo... Sin proponérmelo, me estoy expresando en un tono poético que no se corresponde con la dramática situación a la que me estoy refiriendo. Porque, digan lo que digan el presidente del Gobierno y sus ministros, a nivel de calle hace mucho tiempo que el viento está soplando de proa, y los ciudadanos estamos al borde de la extenuación de tanto hacer frente a un temporal que los que tienen el mando son incapaces de capear. El timonel y los oficiales de esta nave [nuestro país], con su manifiesta insensatez e incompetencia, siguiendo un rumbo equivocado, están provocando una deriva de tal magnitud que, si no se corrige a tiempo -y la tempestad arrecia cada vez más-, será inevitable que la nave -con nosotros dentro- se haga pedazos contra los escollos de la indigencia. Y, como suele ocurrir, no habrá botes salvavidas para todos.

Dirás tú, paciente amigo, que mis cartas son el reflejo de un permanente malestar. Y tienes toda la razón. Es cierto, para qué negarlo, que mis críticas y discrepancias, mis protestas y arrebatos, siempre están presentes. Pero convendrás conmigo, estimado amigo, en que es lo único que puedo hacer: expresar mi malestar e indignación ante una situación que se está volviendo insostenible.

Hay otro asunto muy preocupante, relacionado con la corrupción, que quiero comentarte. Se trata de actuaciones presuntamente fraudulentas en Andalucía -concretamente en Málaga, de momento-, por supuestas irregularidades en unos cursos de formación. En principio, el supuesto fraude podría alcanzar la nada desdeñable cantidad de dos millones de euros, por la que 17 empresas de aquella provincia están siendo investigadas. Si el resultado de las investigaciones demuestra que cometieron esas irregularidades -actuaciones fraudulentas-, espero que se les aplique un castigo ejemplar; además, claro está, de exigirles la devolución del dinero defraudado. ¡Estamos hartos de la tolerancia que se tiene con tanto ladrón titulado! 

Como puedes ver, la picaresca continúa siendo nuestra seña de identidad -¡qué vergüenza!-, desempeñando un papel relevante en el ámbito de las subvenciones. ¿Por qué siguen produciéndose estas irregularidades? Sencillamente, porque las distintas Administraciones, con su habitual desidia -sinónimo de indiferencia-, no se preocupan de hacer un seguimiento de los fondos que, al libre albedrío, conceden para determinados fines. Así se explica que no haya dinero para educación, sanidad, asuntos sociales… Se lo llevan todo estos sinvergüenzas, con la anuencia de las Administraciones Públicas. ¡Basta ya!

Un fuerte abrazo.
 Robert 



20  junio 2014



Amigo imaginario:

¡Ya tenemos nuevo rey! Como supongo que sabrás, el pasado día 2  de este mes de junio, el rey Juan Carlos comunicó oficialmente la abdicación de la Corona en su hijo Felipe. Y el día 18, en el Salón de Columnas del Palacio Real, el subsecretario del Ministerio de la Presidencia procedió a la lectura de la ley de abdicación antes de ser sancionada (firmada) por Don Juan Carlos, y refrendada por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Ayer, día 19, en el Congreso de los Diputados, Felipe VI -que así se llama el nuevo rey- juró la Constitución y fue proclamado rey de España. Su discurso, muy elaborado, se puede calificar de amplio espectro: las necesidades de la ciudadanía, las víctimas del terrorismo, las víctimas de la crisis, la falta de oportunidades para los jóvenes… Un discurso, alabado por unos y criticado por otros, como no podía ser de otra manera, que a nadie dejó indiferente.

Hubo en los actos de ayer, amigo mío, un ambiente de razonable normalidad. Es cierto, para qué negarlo, que el protocolo, aun reconociendo que es necesario -incluso imprescindible-, siempre condiciona el natural comportamiento de los actores y asistentes. Pero quiero destacar, sobre todo, los gestos y las miradas de complicidad y ternura que se prodigaron don Felipe y doña Letizia, añadiendo una nota de cercanía y familiaridad a la solemnidad del acontecimiento. Asimismo, quiero hacer una mención especial al ejemplar comportamiento de Leonor, princesa de Asturias, y de su hermana, la infanta Sofía, que soportaron con admirable compostura toda la ceremonia. La emotividad, que en todo momento estuvo a flor de piel, fue la nota predominante en un día trascendental, significativo y magnífico, en la historia de nuestro país.

En más de una ocasión, como recordarás, he cuestionado la utilidad de la monarquía. Y todavía tengo mis dudas, no creas. Sin embargo, reconozco que el rey don Juan Carlos ha sido un magnífico embajador de nuestro país en todo el mundo. Ha conseguido importantes contratos internacionales, sobre todo en Arabia Saudí, y logró abrir puertas infranqueables a nuestros empresarios. Y eso merece un reconocimiento. Decía Arturo Pérez-Reverte, en uno de sus últimos artículos en el suplemento dominical XLsemanal: “…el rey se lo curra como un león de la Metro, y a sus años tiene mérito que se gane el jornal. Y a él, además, se le ponen al teléfono. Imaginen a Rajoy”.  Entonces, paciente amigo, si ponemos en un platillo de la balanza -mejor electrónica, que es más precisa- los errores cometidos, propios y ajenos -luces y sombras-, que desprestigiaron a la Corona: la excursión-safari a Botswana y los reprobables devaneos..., así como los daños colaterales ocasionados por el caso Urdangarin y sus etcéteras. Y, en el otro platillo de la misma balanza de precisión, lo conseguido por el monarca para el país, probablemente, a pesar de la incertidumbre que me producen algunas dudas razonables, el equilibrio sería el resultado más sensato. Y, sin duda, el más prudente.

Bueno, querido amigo, y después de esto, ¿qué va a cambiar en el país y en nuestras vidas? Nada, absolutamente. Todo seguirá igual de mal: desempleo generalizado, familias que viven por debajo del umbral de la pobreza -niños incluidos-, bancos de alimentos y comedores sociales desbordados, desahucios a diestro y siniestro, fraude y corrupción por doquier -con nuevos casos cada día-, deficiencias en la Sanidad, en la Justicia y en la Educación…  Y nuestro Gobierno seguirá insistiendo en que la situación está mejorando. Que la recuperación económica es evidente e incuestionable. ¡A quién pretenden engañar, maldita sea!

Así las cosas, querido amigo imaginario, únicamente nos queda resistir hasta que la desesperación y el hambre acaben con nosotros. Y entonces -¡sólo entonces!-, ya no tendremos de qué preocuparnos.

Un fuerte abrazo.
Robert
  


01 septiembre 2014



Amigo imaginario:

Hoy comienza un nuevo curso político. El Gobierno sigue insistiendo en que todos los indicadores muestran una clara recuperación de la economía. Que el diagnóstico de la situación, de acuerdo con la sintomatología, no ofrecía lugar a dudas. Y, en consecuencia, el tratamiento, prescrito y aplicado, está dando los resultados esperados: el paciente se recupera -¡hurra!- satisfactoriamente. 

Vamos a ver. Comprobemos las constantes vitales.  Si se refieren a la macroeconomía, posiblemente estén en lo cierto. No soy quién para ponerlo en duda. Sin embargo, tengo el convencimiento de que para que esa recuperación se haya producido -o se esté produciendo-, fue necesario sacrificar la microeconomía. Es decir, que los poderosos -¡los ricos!- son cada vez más ricos. Y los ciudadanos de a pie -¡los pobres!- cada vez más pobres. A lo largo de la Historia, el débil siempre fue el sacrificado en favor del poderoso. Y esto es incuestionable, además de evidente. Porque ya me dirás, querido amigo, cómo es posible que en época de crisis -tiempo de vacas flacas- como la actual, los que ya eran económicamente fuertes, pueden seguir permitiéndose dispendios de verdadero escándalo sin que su economía se resienta. Por el contrario, los que siempre han tenido grandes dificultades para poder llegar a fin de mes, ahora ni siquiera pueden alimentar a sus hijos. Y esta es la triste realidad que estamos viviendo.

Del mismo modo, como indicativo relevante y sorprendente, sabemos que las ventas de coches de gama media y baja, cayeron estrepitosamente; sin embargo, los coches de alta gama -que únicamente están al alcance de economías solventes-  incrementaron sus ventas. Conclusión: el poder adquisitivo de los poderosos no solo se mantuvo, sino que aumentó considerablemente. Pero aquellos que, con gran sacrificio, a duras penas podían permitirse un coche utilitario, ahora no pueden adquirir ni una bicicleta. Lo que viene a demostrar, que el gran logro social conocido como clase media, paradigma de prosperidad y equilibrio socioeconómico -que sustentaba el amplio tejido comercial de las ciudades-, va camino de convertirse en una especie en  vías de extinción.

Como puedes ver, paciente amigo, el panorama no pinta nada bien. Estamos atrapados en un callejón sin salida. Porque, además, como guinda del pastel -¡qué apesta!-, están los casos de corrupción en nuestra clase política -cada día surge uno nuevo-, entre los que destacan delitos como el blanqueo y evasión de capitales, prevaricación, malversación de fondos públicos… Así no hay manera de cuadrar las cuentas. Las arcas públicas se vacían -entre otras causas, porque el dinero evadido no crea riqueza dentro del país, y no paga impuestos-, y -¡hala!-, tijeretazo va, tijeretazo viene. Recortes aquí y allá, que merman nuestra maltrecha economía, reduciendo a la mínima expresión el poder adquisitivo. Como siempre, los platos rotos de tanta ilegalidad consentida -¡qué asco!- los seguimos pagando los económicamente débiles. ¡Esto es sangrante!

Por otra parte, la otrora respetabilidad de las instituciones, así como la honorabilidad de los que ostentan u ostentaron su titularidad, pierden peso específico cada día. Ya nada es lo qué era. Y, lamentablemente, nos estamos acostumbrando a una nueva realidad: la indecencia y el deshonor en la clase política. Porque, sin ir más lejos, el escándalo Jordi Pujol & familia, que vino a calentar este verano -climatológicamente inestable-, es la evidencia de que el poder corrompe. Y más, todavía, si ese poder se ejerce en el ámbito de la política. ¡Qué vergüenza de país!

Un fuerte abrazo.
Robert 


20 octubre 2014



Amigo imaginario:

Desde mi última carta (01.09.2014), se han descubierto nuevos casos de corrupción en nuestro país. Una sucesión de escándalos sinfín, con el dinero como denominador común, de los que no es posible recuperarse; porque, al día siguiente, vuelve a surgir otro, y otro... Son los pícaros de este tiempo, vividores inmorales sin escrúpulos, sujetos insensibles y totalmente ajenos a las necesidades de la realidad que se vive a su alrededor. Únicamente les interesa enriquecerse, cuanto antes mejor, a costa de lo que sea. Así es que, los exconsejeros de Caja Madrid (hoy, Bankia), al margen de unos salarios de verdadero escándalo y otras prebendas, disponían de las denominadas Tarjetas Black -también llamadas Tarjetas Opacas-, que utilizaban para todo tipo de gastos personales ¡sin límite! -algunos descaradamente hedonistas-, totalmente exentos de control fiscal. Y, por si fuera poco, estos sinvergüenzas con patente de corso son los responsables de las fraudulentas Participaciones Preferentes, que han dejado sin un céntimo a miles de confiados ahorradores.

Hace algún tiempo, en una de mis cartas, te comentaba que algunas instituciones de este país se habían convertido en confortables cuevas de Alí Babá de ladrones insaciables. Hoy, a la vista de los últimos acontecimientos (corruptelas en serie), concluyo que esas cuevas están llenas de bandoleros de la peor especie.

Como puedes ver, querido amigo, este país se puede decir que es algo así como un enfermo crónico. La ambición de poder -ya sea político, económico o mediático-, hace que ciertos sujetos (virus perniciosos) invadan los distintos estamentos (órganos vitales), públicos y privados, contaminándolos y dañando su estructura celular hasta límites insospechados. Y así, una vez infectados esos órganos, se produce la inevitable y temida metástasis. A la vista de ese cuadro clínico de extrema gravedad, únicamente queda aplicar un tratamiento invasivo: la Justicia, auxiliada por la policía judicial -pieza fundamental en la investigación de los delitos económicos-, tendrá que ejercer todo su poder con la determinación y contundencia que permita la Ley.

Querido amigo, todos estos desmanes me desconciertan. También me indignan y, sobre todo, me ponen de muy mala leche. No puedo comprender, en mi ignorancia, cómo es posible que nadie se percatara de lo que ocurría en Caja Madrid. ¿Hacia dónde miraba el Banco de España? ¿Qué hacía la Agencia Tributaria? ¿Quién o quiénes consentían y respaldaban estos desmanes? Esto viene a demostrar, amigo mío, que los únicos que estamos controlados -¡y de qué manera!- somos los ciudadanos de a pie: pobres parias asalariados y pensionistas. Por todo ello, aun sabiéndome reiterativo, tengo que continuar exclamando con rabia, con mucha rabia, ¡qué vergüenza de país!

Un fuerte abrazo.
Robert 



07  noviembre 2014



Amigo imaginario:

Te mentiría si dijera que el contenido de esta carta es distinto al de las anteriores. ¡No! Y lo lamento profundamente. La pesadilla de la corrupción continúa golpeándonos, día tras día, con nuevos imputados. Esto parece no tener fin. Es como una epidemia que se extiende, incontrolable, por todo el país. ¡Una pesadilla!

Si la memoria no me traiciona -porque uno ya tiene una edad-, en alguna de mis cartas te comentaba que, a la vista de estos comportamientos inadecuados e indeseables, la picaresca ibérica continuaba teniendo vigencia en nuestro suelo patrio. Sin embargo, amigo mío, hay que llamar a las cosas por su nombre y dejarse de eufemismos trasnochados. La picaresca es corrupción, pura y dura. Y los pícaros son, además de corruptos, ladrones de baja estofa. Así de claro.

Hemos de reconocer, muy a nuestro pesar, que todo esto no es nuevo. Basta recordar, por ejemplo, en los años ochenta, el vergonzoso pacto entre empresas y sindicatos para beneficiarse de los fondos de formación de la Seguridad Social. O en los años noventa, los turbios asuntos como los de Mariano Rubio, Juan Guerra, Roldán, Filesa. El caso de los fondos reservados y la irregular financiación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), el caso Banesto -con Mario Conde como protagonista-. El escándalo de una presunta financiación ilegal del Partido Popular: el ‘Caso Naseiro’ -denominado así por el apellido del otrora secretario de finanzas (tesorero) de dicho partido, Rosendo Naseiro-, que llegó al Tribunal Supremo, pero fue archivado por presuntas irregularidades en la instrucción del sumario.

No quiero olvidarme del denominado ¡Tamayazo! (10 de junio de 2003), por la supuesta traición de dos diputados del Partido Socialista (Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez), que con su ausencia -¡dos votos!- en la sesión consultiva de la Asamblea de Madrid impidieron que Rafael Simancas llegara a presidir la Comunidad de Madrid. Aquella -¿extraña?- circunstancia le dio la presidencia a Esperanza Aguirre.   

A partir de ahí, en caída libre, como una cascada, se fueron sucediendo, uno tras otro, numerosos casos de corrupción, algunos de los cuales fui refiriéndote en cartas anteriores: Banca Catalana, Palau de la Música, Gürtel, los ERE de Andalucía, Nóos... Hasta los más recientes: el caso Campeón, la Pokémon, Pujol & familia, Bankia, Bárcenas, Blesa, Tarjetas Black...Como puedes ver, querido amigo, no hay nada nuevo bajo el sol.

A la vista de este maremágnum de corruptelas, podemos concluir que este país tenía las Arcas a rebosar. ¡Éramos un país rico! Y ese atajo de mangantes titulados, han sabido aprovecharse de la (presunta) anuencia y la desidia de aquellos que tendrían que haber fiscalizado la espuria utilización de fondos públicos y privados. Pero era más cómodo -y menos comprometido- mirar hacia otro lado. Y así hemos llegado a esta situación de pobreza, y de desprestigio como país.

Me temo, querido amigo, que esta vergonzosa escalada de delitos político-económico-fiscales no ha terminado. Y, francamente, entre otros sentimientos que, por sensatez y educación, no voy a expresar, el cansancio que me produce tanta indecencia me obliga a interrumpir, momentáneamente, esta relación epistolar. Espero que lo comprendas. Sin embargo, puedes estar seguro de que, antes de que finalice el año, volverás a tener noticias mías.

Un fuerte abrazo.
Robert



25  diciembre 2014



Amigo imaginario:

El próximo día 31 de este mes de diciembre, si no cascamos antes, despediremos un año más. Otro año que se va, con sus luces y sombras -más de las segundas que de las primeras-, en el que lo más destacable -¡qué vergüenza!- ha sido la corrupción en la clase política y económica, como te he ido informando a través de mis cartas. Este año que termina, podríamos resumirlo como el de la eclosión masiva del fraude. Y tú sabes que no estoy exagerando. Pues hemos visto con que descaro, sin sonrojarse, algunos personajes -¡y ya son muchos!-, una vez que alcanzan el poder -ya sea político o económico-, no dudan en aprovecharse del cargo para enriquecerse, diligentemente, a costa  del Erario Público. Es decir, a nuestra costa.

Algunos de estos redomados sinvergüenzas, después de larguísimos procesos judiciales -con un coste importante para el Estado-, por fin están en la cárcel. Sin embargo, no han devuelto el dinero que defraudaron -¡robaron!-, y cuando salgan -que, por los inescrutables vericuetos judiciales, será más pronto que tarde-, estarán forrados y vivirán como Marajás: entre el lujo y la opulencia. Y, para aumentar nuestra indignación, se reirán de nosotros -ciudadanos de tercera división-, y nos harán un “elegante” corte de mangas.

Por si todo este maremágnum de comportamientos inadecuados no fuera suficiente, irrumpió en la escena política un nuevo y curioso personaje: Francisco Nicolás Gómez-Iglesias, un joven de 20 años apodado por la prensa nacional como ‘El pequeño Nicolás’, que alcanzó gran notoriedad al ser detenido en octubre de este año, acusado de falsedad, estafa y usurpación de identidad. Este individuo, en sus intervenciones como invitado en un programa de una cadena de televisión, asegura haber colaborado con el Centro Nacional de Inteligencia. De sus declaraciones se desprende que actuaba en calidad de mediador-conseguidor, por cuyas gestiones percibía sustanciosas comisiones. Además, todos los medios de comunicación se hicieron eco de instantáneas en las que se le puede ver, por ejemplo, con la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; con el expresidente del Gobierno, José María Aznar... También, en diversos actos institucionales. Por ejemplo, desfilando como invitado en el besamanos celebrado en el Palacio Real tras la proclamación del rey Felipe VI. Y un largo etcétera de apariciones con conocidos personajes de la política y del ámbito empresarial de nuestro país. Todo un cúmulo de despropósitos que dañan, como un estigma, nuestra marca de país.

Así las cosas, querido amigo, no resulta fácil comprender cómo un joven de su edad pudo adquirir tanta relevancia y -¡por qué no decirlo!-, también tanto poder. No obstante, la Justicia determinará lo que hay de realidad y de fantasía en este lamentable episodio de política-ficción.

Otro asunto, no menos importante, es la decisión de la otrora presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, de ponerse a disposición de su partido para presentarse como candidata a la alcaldía de Madrid. ¡Increíble! Ella, que en su momento había anunciado a bombo y platillo que abandonaba la primera línea de la política -por decisión propia, alegando motivos personales-, sorprende a propios y a extraños -quizá el más sorprendido haya sido el mismísimo presidente Rajoy- con su intención de irrumpir de nuevo en la arena política. Está visto que la ambición de poder no tiene límites. Espero que esa misma ambición signifique el suicidio político de la señora Aguirre, por pretender perpetuarse -¡qué enfermiza obsesión!- obviando el relevo generacional.

Paciente amigo, ayer fue Nochebuena. Una noche de recuerdos y, sobre todo, de grandes ausencias. La historia se repite, año tras año. Pero hay que rendirse a la evidencia. Un familiar, un amigo, un vecino, un conocido... Poco a poco, vamos quedando sin vínculos afectivos. Es la vida, amigo mío. Cuando se llega a cierta edad, los recuerdos y las ausencias se funden irremediablemente. Las Navidades, lo digo siempre, son para disfrute de los más jóvenes. Ellos viven el presente con gran intensidad. Lo disfrutan y nos hacen partícipes de su alegría, de su ilusión. Y así debe ser. Porque si dejamos que nos invada la tristeza, recreándonos en la nostalgia, nos precipitaremos hacia el abismo. Y eso, estimado amigo, significaría el final.

Que el año próximo traiga un poco de cordura a este país. Que nuestros políticos sean consecuentes con las necesidades de los ciudadanos. Que los corruptos y defraudadores, además de devolver el dinero que robaron, acaben con sus huesos en la cárcel y desaparezcan del panorama de actualidad. Que los que nos gobiernan, si no están dispuestos a velar por lo intereses de los ciudadanos, se vayan a sus casas. Que se busquen la vida y nos dejen en paz.

Un fortísimo abrazo.
Robert









miércoles, 19 de febrero de 2014

'Garaje La Playa' (III)










Por Robert Newport
18 febrero 2014

En esta tercera y última entrega, mis recuerdos se detendrán en una calurosa tarde de verano en la que mi abuelo, a través de didácticas y pedagógicas explicaciones, acompañadas de diseños demostrativos que él mismo iba dibujando con tiza sobre aquel encerado al que hice referencia en la primera entrega, me reveló una interesante faceta de su dilatada trayectoria profesional: los intentos fallidos, orientados a lograr una máquina de ‘movimiento continuo’ (máquina que produce su propia energía para seguir moviéndose). ¡Nada más y nada menos! Una quimera que obsesionó a mi abuelo durante algún tiempo (años ’30 del siglo pasado), con un significativo coste económico, como le ocurrió a una ‘legión’ de inventores, imaginativos y soñadores, en todo el mundo.

Supuestamente, las máquinas de ‘movimiento continuo’ o ‘movimiento perpetuo’, después de un impulso inicial inducido, continuarían funcionando, ininterrumpidamente, sin necesitar ningún tipo de energía externa. Es comprensible, por tanto, que inventores de todo el planeta hayan intentado crear una máquina de esas características. Pensaban que, si tenían éxito, la máquina únicamente se detendría, temporalmente y de manera provocada, para reponer aquellas piezas que acusaran el natural desgaste por efecto de uno de los principios elementales de la Física: el rozamiento o fuerza de fricción. Pero no repararon, presumiblemente, en que ese mismo efecto de rozamiento es el que hace que cese el movimiento si no existe energía externa adicional. No obstante, no cabe ninguna duda de que los errores cometidos en los múltiples diseños realizados por tantos inventores, así como los intentos para subsanarlos, contribuyeron en gran medida al desarrollo de la parte de la Física que estudia las transformaciones de la energía: la termodinámica. Pero creo que este no es el momento de abundar en explicaciones científicas.

Aquella utópica, pero imaginativa, ‘fiebre’ seudocientífica llevó a mi abuelo a construir diferentes mecanismos, cada cual más complejo, utilizando en todos ellos piezas totalmente nuevas: bulones y casquillos, ejes y rodamientos, cadenas de transmisión y de cangilones, catalinas y piñones de bicicleta… Toda una gama de recambios originales, con el objeto de asegurar el perfecto funcionamiento de los distintos grupos mecánicos: articulaciones y transmisiones. Era tal su obsesión -según me contó aquella tarde estival- que, ante la imposibilidad de encontrar los recambios en Vilagarcía, en más de una ocasión tuvo que desplazarse a Santiago de Compostela. Y, a pesar de los sucesivos fracasos, él volvía a intentarlo una y otra vez… 

En los años ’50 del siglo pasado, la revista ‘Mecánica Popular’ -edición en español de la americana ‘Popular Mechanisc’-, en un artículo de Robert E. Paquin, titulado ‘No crea usted en el Movimiento Continuo’, se hacía eco de algunas de aquellas máquinas que, también, mi abuelo había construido.

Lamento, profundamente, no haber podido presenciar la construcción e inicial puesta en marcha de aquellos mecanismos. Yo, aún no había nacido. Pero conociendo el entusiasmo, pulcritud y profesionalidad con que mi abuelo realizaba su trabajo, en el que nunca hubo espacio para la improvisación, aquellos aparatos tuvieron que ser, sin duda alguna, auténticas máquinas de precisión.

Con estos tres capítulos de ‘Garaje La Playa’, además de expresar mi gran admiración, he pretendido rendir un merecido homenaje a Ramón Porto Rey, mi abuelo materno. In memóriam.