Robert
17 julio 2013
Amigo imaginario:
En la despedida de mi carta anterior, te expresaba el deseo
de que en la próxima -es decir, en la presente-, las noticias fuesen más
favorables y menos decepcionantes. ¡Qué ingenuidad la mía! Tengo que
comunicarte, y créeme que lo lamento profundamente, que las cosas se han ido
complicando día a día: el caso Bárcenas, que está generando verdaderos
torrentes de información en todos los medios y tertulias, ha dejado de ser un
asunto de fotocopias de escasa credibilidad, para convertirse en un más que
probable asunto turbio, muy enredado, de cierta envergadura -llámese
financiación irregular del partido, sobresueldos en negro, doble
contabilidad…-, que va camino de conseguir desestabilizar al mismísimo
Gobierno. Se trata de un asunto muy serio, incómodo y preocupante en grado
sumo.
Ante tal situación, cuya resolución judicial, me temo, puede
dilatarse más de lo deseable, los ciudadanos hemos perdido la ya muy escasa
-¡escasísima!- confianza en la clase política de este puñetero país, en
nuestros gobernantes… ¡Y en el sursuncorda! Porque, con su arrogante proceder,
han sembrado esa desconfianza… Por lo que, inevitablemente, recogerán desprecio
e indiferencia.
Hay algo en todo este asunto, amigo mío, que me tiene muy
desorientado: ¿Cómo es posible que el señor Bárcenas haya podido acumular más
de 40 millones de euros en paraísos
fiscales -lo que lo convierte, por tanto, en presunto delincuente fiscal-, sin
que pueda justificar su procedencia?
Ello me lleva a pensar, tal vez influenciado por la indignación que me
produce este caso, si el señor Bárcenas fue utilizado -o continúa ejerciendo-
como testaferro del PP, para ocultar una supuesta financiación irregular del
partido. Sé que se trata, a priori, de una deducción descabellada y, en cierto
modo, arriesgada, sin duda. Pero, querido amigo, mi capacidad asimilativa está
ya tan saturada por el exceso de corrupción que existe en este país, que mis
sospechas y conclusiones van más allá de lo que se puede considerar razonable.
Como tú sabes, por habértelo repetido hasta la saciedad, yo
no soy -¡nunca lo he sido!- simpatizante del PP. Sin embargo, considero que el
señor Rajoy ha recibido de su propio partido, una herencia más envenenada que
la que, reiteradamente, dijo haber recibido del
Partido Socialista. Y tiene que asumirla, para bien o para mal, con
todas las consecuencias. Hemos de esperar, no obstante, como no puede ser de
otra forma, al dictamen del juez que instruye el sumario del caso.
Como puedes comprender, paciente amigo, en cuestiones
judiciales -especialmente en las que las pruebas documentales aportadas no
están suficientemente contrastadas- hemos de ser extremadamente cautos,
prudentes y respetuosos, y no caer en la tentación de sentirnos legitimados
para hacer juicios de valor, o juicios paralelos, porque es más que probable
que luego tengamos que arrepentirnos y rectificar. Esto me trae a la memoria -y
permíteme la licencia de incluir esta anécdota- la actuación (año2007) de la Tuna de Derecho de
Valladolid, en su vigésimo aniversario, en el transcurso de la cual, uno de sus
miembros fundadores (que toca la bandurria), al final de su particular y jocoso
preámbulo, dijo: “…hay que acertar con las canciones; de hecho, en el programa
original figuraba otra canción, pero vamos a interpretar ‘Clavelitos
madrileños’, porque, las cosas como son, con la que está cayendo, cualquiera se
atreve a tocar ‘El chacachá del tren’.
Un fuerte abrazo.
Robert
3 agosto 2013
Amigo
imaginario:
Hoy,
haciendo una excepción, y sin que sirva de precedente, no te comentaré nada
relacionado con la nauseabunda corrupción que, últimamente, invade todos los
ámbitos de poder de este país. Y no lo voy a hacer, porque un trágico suceso
merece toda mi atención y espero que, también, la tuya.
Te supongo enterado del trágico accidente
ferroviario ocurrido en Santiago de Compostela el día 24 del pasado mes de
julio, y he tenido que dejar pasar todo este tiempo antes de escribirte, para
poder procesar y asimilar anímicamente las dramáticas imágenes que se han visto
por televisión. Todavía permanece en mi retina aquel caótico escenario de
confusión y dolor, de conmoción y pánico, de incertidumbre, de llantos
inconsolables y compartidos… Imágenes de desolación y muerte.
En
aquella fatídica curva de ese camino de hierro, se han desvanecido los sueños,
las ilusiones… y las vidas de 79
personas -hombres, mujeres y niños-, cada una con su identidad y con su
historia. Se han apagado sus voces, sus risas y sus llantos, sus anhelos y
proyectos de futuro, pero su recuerdo permanecerá siempre en todos aquellos
que, de alguna manera, formaron parte de sus vidas.
En
esta catástrofe ferroviaria, la rápida intervención de los vecinos de Angrois,
en una espectacular reacción espontánea de coraje y valor, de ejemplaridad
ciudadana y de generosidad, fue determinante en la evacuación y auxilio de las
víctimas. Ellos, amigo mío, son los héroes anónimos de este dramático
siniestro.
En
todo suceso luctuoso -y este trágico accidente ferroviario lo es, en grado
superlativo-, las víctimas mortales dejan tras sí una estela de historias
inconclusas -¡maldita sea!-, sin posibilidad de continuidad. Por ello, querido
amigo, quiero hacerte partícipe de algunas de esas historias de las que, en los
días siguientes, se hizo eco el diario La Voz de Galicia.
Celtia
y Eva (21 y 24 años), eran dos amigas del municipio ourensano de Xunqueira de
Ambía, que, recién terminados sus estudios (Celtia, Magisterio en Ourense; y
Eva, Dirección de Empresas en la
Complutense de Madrid, además de un máster en la Universidad de Vigo),
viajaban a Santiago para reunirse con sus excompañeros de Erasmus. La mañana
del accidente, Celtia había sacado un billete de avión para viajar a Londres a
finales de este mes de agosto, con el propósito de perfeccionar el inglés. Eva,
por su parte, quería viajar a Italia, en este mismo mes, con la intención de
participar en un campo de trabajo. Ellas, decidieron dejar el coche en la
estación de Ourense, al considerar que hacer el viaje en tren era lo más
prudente…
Laura
y David (ambos de 21 años), de A Coruña y Cáceres, respectivamente, eran novios
y estudiaban Medicina en la
Universidad de Lleida. Sus profesores manifestaron que ambos
obtenían muy buenas calificaciones y que eran muy trabajadores. Una pareja de
brillantes estudiantes de medicina que venían a pasar unos días de vacaciones
en A Coruña, donde los esperaban los padres de ella…
Olga
y David (28 y 36 años), naturales de
Alcorcón, novios desde hace tres años y medio, formaban parte de la tripulación
del tren Alvia siniestrado. David atendía a los viajeros, mientras que a Olga
le habían asignado la cafetería. Era la primera vez que hacían la ruta
Madrid-Ferrol. Normalmente, aunque no siempre coincidían, prestaban servicio en
el AVE Madrid-Sevilla. En el momento del siniestro, David acababa de anunciar
por megafonía la proximidad de Santiago de Compostela…
Rosalina,
alta funcionaria del Ministerio de Planificación y Desarrollo de la República
Dominicana, viajaba a Santiago de Compostela con la intención de visitar a unos
familiares y darle una sorpresa a su hermana…
Laura
(23 años), de Pontevedra, era licenciada en Matemáticas por la Universidad de
Santiago, y todo su entorno académico habla de ella como ‘una gran estudiante’
y ‘una muy buena alumna’. Regresaba de Madrid, donde acababa de hacer un
máster; y su novio, estudiante de
Farmacia, la esperaba en la estación…
Y
así, amigo mío, hasta 79 historias de otras tantas víctimas mortales que,
tristemente, ya nunca podrán realizar sus sueños…
Hay
hospitalizados más de una treintena de heridos, algunos en estado crítico, a
los que les deseo una pronta y total recuperación.
Las
causas del accidente -¡trágico y dramático accidente!- se están investigando.
El contenido de la ‘caja negra’ será determinante para su esclarecimiento. En
principio, el incomprensible exceso de velocidad parece ser la causa principal
del descarrilamiento. El por qué de ese exceso sigue siendo una incógnita. En
principio, señalan al maquinista como único culpable. Sin embargo, por los
datos que se fueron conociendo, puede existir otro factor: un sistema de
seguridad que no incorporaba el tren Alvia siniestrado. No obstante, lo más
prudente y razonable, antes de hacer temerarios juicios de valor, es esperar al
dictamen de los expertos para que la Justicia tenga fundados elementos para proceder
en consecuencia.
Estarás
de acuerdo conmigo -al menos eso espero-, estimado amigo imaginario, en que el
contenido de esta carta bien merecía, al menos por una vez, dejar a un lado las
cuestiones políticas. Aunque, para qué nos vamos a engañar, la política está en
todas partes... Incluso en este trágico accidente ferroviario.
Un
fuerte abrazo.
Robert
10 octubre
2013
Amigo imaginario:
Este largo silencio epistolar, que ha durado casi dos
meses, es consecuencia de la repetitiva y cansina monserga a la que nos tienen
sometidos -y acostumbrados- nuestros políticos, y que cada día me produce mayor
indiferencia y, a la vez, indignación.
Los impuestos que nos habían dicho que no subirían,
continúan en imparable ascenso. Últimamente, para no perder la inercia, han
revisado al alza el valor catastral -¡qué desfachatez!-, con un descarado afán
recaudatorio, incrementando así el Impuesto sobre Bienes Inmuebles. El recibo
del consumo eléctrico experimentó un incremento medio de algo más de 3 puntos
porcentuales... Y lo qué vendrá. Por otra parte, el ministro de Hacienda,
Cristóbal Montoro, con la incontinencia verbal que le caracteriza -¡Qué
desvergüenza!-, dijo en el Congreso: “Los salarios no están bajando. Los salarios
están subiendo moderadamente en nuestro país”. ¡Y se queda tan ancho! Y lo que
es peor, si cabe, nuestro presidente, Mariano Rajoy, en su visita a Japón,
anima a invertir en nuestro país argumentando que aquí los salarios bajan.
¿Cómo se entiende esto? ¿Nos hemos vuelto todos locos?
Y las pensiones -¡maldita sea!- únicamente se revalorizan
un cuarto de punto (0,25%). Es decir, un incremento medio mensual de 2,70
euros. Por ello, año tras año, vemos impotentes como disminuye nuestro poder
adquisitivo. Definitivamente, se están burlando de nosotros. Porque los
pensionistas, como todo hijo de vecino, hemos de seguir pagando las facturas
correspondientes al consumo de agua, gas, teléfono y electricidad; los recibos
sobre alcantarillado y recogida de basuras; el alquiler o comunidad y derramas
ocasionales de la vivienda; la compra de ropa (la imprescindible para no
atentar contra el decoro) y la comida. Vamos, lo preciso para poder seguir
viviendo con un mínimo de dignidad. ¡Y qué no se te averíe un electrodoméstico!
Otra cuestión, amigo mío, la marca ‘España’, a la que,
como recordarás, me refería en mi carta del pasado mes de julio, y que se proclamó
-urbi et orbi- a bombo y platillo, ¿para qué
sirve? ¿Con qué fin se ha creado? ¿A quién pretende engañar?
Personalmente, pienso que es un ’quiero y no puedo’ que alguien se sacó de la
manga. Una marca que, poco a poco, se va hundiendo en las agitadas aguas de la
inoperancia, la mentira, la arrogancia y la prepotencia de nuestros políticos.
Por otra parte, los ciudadanos -si es que aún tenemos esa
categoría-, estamos más que hartos de discursos vacíos y promesas incumplidas.
Estamos hartos de que nos mareen con la puñetera luz al final del túnel.
Estamos hartos de que nos digan que estamos doblando la esquina de la crisis.
¡Qué estupidez! Estamos mucho más que hartos -¡empachados!-, porque vemos que
en este país continúa habiendo 6 millones de parados y las perspectivas de
generar empleo son absolutamente nulas. ¡Estamos hundidos y ahogándonos, cada
vez más, en la desesperación!
La aplicación de la subida de los impuestos -iniciada con
la engañosa estrategia de la negación; para, finalmente, actuar con demoledora
contundencia-, me trae a la memoria un texto apócrifo del drama romántico ‘Don
Juan Tenorio’, de José Zorrilla, en el que, como recordarás, querido amigo, Don
Juan, durante el galanteo, le decía a Doña Inés aquello de: “¿No es cierto,
ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira
mejor?”. También se trataba de una estrategia para conseguir su innoble fin.
Luego, cuando Doña Inés, rendida a la suave persuasión de su galán, le dice:
“Don Juan, Don Juan, la puntita nada más”; él, haciendo gala de su fama de
insaciable seductor -igual que nuestros políticos, aunque sólo en lo que a
insaciables se refiere, naturalmente-, le responde: “No, Inés, toda ella y los
que cuelgan detrás”. Y esa podría ser la metáfora de lo que están haciendo con
nosotros los que ostentan el poder que sus votantes le han conferido.
Sé lo que estás pensando, paciente amigo. Tal vez me he
pasado de rosca con las anteriores frases comparativas. Y te pido disculpas por
ello. Pero todo, o casi todo, suele tener una explicación. Y esta es la mía:
Tengo 69 años -aunque, si los astros me son favorables, en poco más de un mes
cumpliré los 70-, y, como tú sabes, el 69 es el número erótico por excelencia.
De manera que, como puedes comprender, me encuentro en una edad
erótico-afectiva -o erótico-festiva, como prefieras- tan peligrosamente
resbaladiza, que hace que mi comportamiento verbal sea políticamente
incorrecto. Eso es todo.
En fin, estimado amigo, seguiremos soportando las genialidades de los ineptos que nos
gobiernan, hasta que nuestra paciencia -o desesperación- aguante.
Un fuerte abrazo.
Robert
31 diciembre
2013
Amigo imaginario:
¡Que se acabe de una puñetera vez! Me refiero, naturalmente,
al año que hoy termina. Porque este año, aciago donde los haya, han tenido
lugar sucesos -desgraciados, unos; condenables, otros; y despreciables, los que
más- es para olvidar: trágico accidente ferroviario en Galicia, en el que
perdieron la vida 80 personas; robo del Códice Calixtino en la Catedral de
Santiago de Compostela (que, dicho sea de paso, nunca fue una de mis
preocupaciones), finalmente recuperado; fraude y corrupción por doquier, que
salpica al ámbito empresarial, político y sindical de este país. Del mismo modo
-¡qué vergüenza!-, también la sombra del fraude oscurece a la otrora respetable
y respetada Casa Real…Está visto que en este país no se salva nadie.
Luego está, cómo no, el desempleo, que este año que acaba
continuó creciendo, y no parece tener intención de detenerse.
Con un panorama tan desalentador, querido amigo, ¿qué
expectativas de futuro nos aguardan? ¿Qué confianza podemos tener en nuestros
gobernantes y representantes políticos? ¿Hasta cuándo podremos soportar tanta
humillación? ¿Hasta dónde llegaremos sin perder los modales y la dignidad?
Por otra parte, y esto es de suma gravedad, está la lenta
actuación de la Justicia. Pero -¡ojo!- esa lentitud se debe, única y
exclusivamente, a la falta de medios para llevar a cabo las investigaciones
procesales, y a la situación de
desamparo en que los jueces se ven obligados a instruir diligencias. El juez
José Castro, con la imputación de la infanta Cristina. El juez Pablo Ruz,
ocupándose de la trama Gürtel, del caso Bárcenas y de la supuesta doble
contabilidad del Partido Popular… Y la jueza Mercedes Alaya, lidiando con los
falsos ERE de Andalucía y sus ramificaciones políticas y sindicales. Los tres
magistrados, solos ante el peligro, tienen serias dificultades para realizar su
trabajo con el rigor que requiere todo proceso judicial. Las presiones
políticas -¡que las hay!-, unidas a las que ejercen las altas instancias de la
propia Justicia, hacen que algunos jueces encuentren serias dificultades para
llevar a buen término, y con agilidad, las instrucciones procesales. De su
trabajo, sin presiones ni injerencias, dependerá que dichas instrucciones
lleguen a juicio en un plazo razonable. De no ser así, corremos el riesgo de
que la sensación de impunidad se instale, peligrosamente, en toda esa cuadrilla
de ladrones titulados, animándoles a seguir delinquiendo y burlando la ley.
Porque, como decía el humorista Manolo Royo, ¡aquí no pasa nada!
El próximo año, en el que entraremos dentro de pocas horas,
no creo que vaya a ser mejor que el que ya agoniza. Se avecinan, una vez más,
malos tiempos: probable nueva subida de los impuestos y, sobre todo, incremento
del copago -¡repago y sobrepago!- en la Sanidad Pública
(hospitalaria, farmacéutica, ortopédica…) que, en muchos casos, derivará en la
reducción o suspensión de los tratamientos, ya que la -¡cada vez más!- precaria
situación económica de los ciudadanos, no les permitirá soportar ese gasto añadido.
Consecuentemente, el deterioro de la salud de los pacientes será inevitable.
Quizá irreversible. Así las cosas, es fácil suponer que, en el mejor de los
casos, el ingreso de pacientes en los hospitales experimentará un considerable
aumento. Aunque, lamentablemente, lo más probable es que se eleve el número de
fallecimientos. Por tanto, paciente amigo, sospecho que estas decisiones tienen
un objetivo claramente definido: reducir el número de parados y jubilados,
eliminándolos. ¿Un holocausto encubierto? Sé que se trata de una sospecha muy
atrevida. Quizá exagerada en extremo. Pero es que, francamente, uno ya no sabe
qué pensar, qué hacer ni qué decir.
Finalmente, amigo imaginario, están las ruedas de prensa de
nuestro presidente del Gobierno, en las que contesta siempre con evasivas y
circunloquios; incluso, a veces, con absurdas metáforas. En ocasiones, son
auténticos monólogos. Y si algún
periodista hace preguntas incómodas, no sólo la evasiva está asegurada,
sino que, además, el medio al que representa puede quedar excluido en próximas
convocatorias. Ahora bien, sus correligionarios, con una sonrisa de oreja a
oreja, dirán que el presidente es muy hábil toreando ciertas preguntas. Sin
embargo, en mi opinión, esa supuesta habilidad no es más que una auténtica
falta de respeto a los ciudadanos, tanto los que le votaron como los que no lo
hicieron, porque todos -¡todos!- tienen (tenemos) derecho a saber la verdad.
Espero que el próximo año, amigo mío, tengamos motivos para
albergar un razonable optimismo. Aunque esa luz que dicen que ya se ve al final
del túnel -¡cuidado!-, pues con la nueva subida anunciada, mi consejo es que
procures encenderla lo menos posible.
Un fuerte abrazo y Feliz Año Nuevo.
Robert