miércoles, 11 de abril de 2012

Citas literarias (2)


  • El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste. (Honoré de Balzac).
  • El buen gusto proviene más del juicio que del talento. (Anónimo).
  • El cine y la vida son como la arcilla, están esperando a que les demos forma. (Shirley MacLaine).
  • El deber es lo que esperamos que hagan los demás, no lo que hacemos nosotros mismos. (Oscar Wilde).
  • El deseo es algo irracional por el cual uno siempre tiene que pagar un alto precio. (Pedro Almodóvar).
  • El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio. (Emerson).
  • El dinero es como un sexto sentido: sin él no podríamos desarrollar los otros cinco. (William Somerset Maugham).
  • El dinero es mejor que la pobreza, aun cuando solo sea por razones financieras. (Woody Allen).
  • El dinero no da la felicidad, pero aplaca los nervios. (Mistinguett).
  • El dinero no nos proporciona amigos, sino enemigos de mejor calidad. (Noël Coward).
  • El dinero siempre está ahí, sólo cambian los bolsillos. (Gertrude Stein).
  • El egoísta encuentra un placer malsano en turbar la alegría de los demás. (Dangenne).
  • El estilo, como las uñas, es más fácil tenerlo brillante que limpio. (Eugenio D’ors).
  • El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo. (Albert Camus).
  • El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. (Kennedy).
  • El genio se compone de dos por ciento de talento y noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación. (Beethoven).
  • El hábito convierte los placeres suntuosos en necesidades cotidianas. (A. Huxley).
  • El hombre de perfecta bondad posee cierto valor, pero el valiente no es necesariamente bueno. (Confucio).
  • El hombre es el único ser sensible que se destruye a sí mismo en estado de libertad. (Saint-Pierre).
  • El hombre hace leyes; la mujer, modales. (Vizconde de Segur).
  • El hombre justo no es el que no comete ninguna injusticia, sino el que pudiendo ser injusto, no quiere serlo. (Menandro).
  • El hombre más noble es digno pero no orgulloso; el inferior es orgulloso, pero no es digno. (Confucio).
  • El hombre más rico del mundo no es el que conserva el primer duro que ganó, sino el que conserva el primer amigo que tuvo. (Marta Mason).
  • El hombre no se revela en su historia, sino que lucha a través de ella. (Tagore).
  • El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale. (Goethe).
  • El hombre superior es modesto en el hablar, pero abundante en el obrar. (Confucio).
  • El hombre valeroso debe ser siempre cortés y debe hacerse respetar antes que temer. (Quilón).
  • El humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad. (Thackeray).
  • El ideal está en ti, el obstáculo para su cumplimiento está también en ti. (Carlyle).
  • El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones. (Oliver Wendell Holmes).
  • El llanto de un heredero es una risa disfrazada. (Publio Siro).
  • El mantenimiento de la paz comienza con la autosatisfacción de cada individuo. (Dalai Lama).
  • El matrimonio es al amor lo que el vinagre al vino. El tiempo hace que pierda su primer sabor. (George Gordon Byron).
  • El mayor goce es el descanso después del trabajo. (Kant).
  • El mejor consejo lo da la experiencia; pero este consejo siempre llega tarde. (Amelot de la Houssaye).
  • El mejor método para cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás. (Napoleón Bonaparte).
  • El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer. (Walter Bagehot).
  • El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos. (Albert Einstein).
  • El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas. (Li Tai-po).
  • El mundo no ha cambiado por la política, sino por la técnica. (Friedrich Dürrenmatt).
  • El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás. (Plutarco).
  • El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo. (Gilbert Keith Chesterton).
  • El orgullo es el complemento de la ignorancia. (Fontenelle).
  • El origen de todas las grandes fortunas, es la falta de delicadeza. (Jacinto Benavente).
  • El pensamiento es el corcel, la razón el jinete. (George Sand).
  • El pensamiento es la única cosa del Universo de la que no se puede negar su existencia: negar es pensar. (José Ortega y Gasset).
  • El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas. (William George Ward).
  • El poder habita cerca de la necesidad. (Pitágoras).
  • El pretexto para todas las guerras: conseguir la paz. (Jacinto Benavente).
  • El primer castigo del culpable es que jamás será absuelto por su conciencia. (Juvenal).
  • El principio de la educación es predicar con el ejemplo. (Turgot).
  • El progreso consiste en renovarse. (Miguel de Unamuno).
  • El propósito no es más que un esclavo de la memoria. (William Shakespeare).
  • El que busca la verdad corre riesgo de encontrarla. (Manuel Vicent).
  • El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento. (Erasmo de Rótterdam).
  • El que habla siembra, el que escucha recoge. (Anónimo).
  • El que no castiga el mal manda que se haga. (Leonardo da Vinci).
  • El que no puede lo que quiere, que quiera lo que pueda. (José Ortega y Gasset).
  • El que no tiene opinión propia siempre contradice la que tienen los demás. (Lingrée).
  • El que no valora la vida no se la merece. (Leonardo da Vinci).
  • El que parece sabio ente los tontos parece tonto entre los sabios. (Quintiliano).
  • El que sabe leer sabe ya la más difícil de las artes. (Duclós).
  • El que teme padecer padece ya lo que teme.(Montaigne).
  • El rico no gozaría nada si le faltase la envidia de los demás. (A. Panzini).
  • El saber es la única propiedad que no puede perderse. (Bías).
  • El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan. (Arturo Graf).
  • El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo. (Voltaire).

Citas literarias (1)


  • ¿Has cumplido con tu deber? Confía en el Cielo que no te abandonará. (Samaniego).
  • ¿La frase más hermosa? La más corta. (Anatole France).
  • ¿Popularidad? Eso es la gloria en perras gordas. (Víctor Hugo).
  • ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad. (Simona de Beauvoir).
  • A los niños debe enseñárseles a investigar por sí mismos. (Orígenes).
  • A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo. (Oscar Wilde).
  • Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra. (Antonio Gala).
  • Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados. (Demetrio de Falerea).
  • Amo la casa en la cual no veo nada superfluo y encuentro todo lo necesario. (Benjamín Franklin).
  • Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti. (Yves Montand).
  • Buscando el bien de nuestros semejantes encontraremos el nuestro. (Platón).
  • Cada guerra es una destrucción del espíritu humano. (Henry Miller).
  • Cada niño, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios no ha perdido aún la esperanza en los hombres. (Tagore).
  • Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. (Mark Twain).
  • Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos. (Montaigne).
  • Caminante no hay camino, se hace camino al andar. (Antonio Machado).
  • Cásate con un arqueólogo, cuanto más vieja te hagas más encantadora te encontrará. (Agatha Christie).
  • Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre. (François René Chateubriand).
  • Comed en casa como si comierais en la del rey. (Confucio).
  • Comprender es el principio de aprobar. (Baruch Benedict Spinoza).
  • Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas. (Miguel de Cervantes Saavedra).
  • Conviene desconfiar de las personas prudentes cuando se las ve agobiadas. (Friedrich Nietzsche).
  • Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado. (André Gide).
  • Cuando el peligro parece ligero, deja de ser ligero. (Sir Francis Bacon, Barón de Verulam).
  • Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre. (Lucrecio).
  • Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. (Óscar Wilde).
  • Cuando se es amado, no se duda nada. Cuando se ama se duda de todo. (Colette).
  • Cuando se es ensalzado por el enemigo, es que se ha hecho algo mal. (Amintore Fanfani).
  • Cuando se hace uno viejo le gusta más releer que leer. (Pío Baroja).
  • Cuando se teme a alguien, es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros. (Hermann Hesse).
  • Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión. (Voltaire).
  • Cuando siento una terrible necesidad de religión salgo de noche para pintar las estrellas. (Van Gogh).
  • Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón. (Santiago Russinyol).
  • Cuando un hombre se echa atrás, retrocede de verdad. Una mujer sólo retrocede para coger carrerilla. (Zsa Zsa Gabor).
  • Cuantas menos necesidades tengáis, más libres seréis. (César Cantú).
  • Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá. (Friedrich von Schiller).
  • Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si pudiese decir otro tanto de las mujeres me iría mucho mejor. (George Gordon Byron, “Lord Byron”).
  • Cuanto más se envejece más se parece la tarta de cumpleaños a un desfile de antorchas. (Catherine Hepburn).
  • Cuanto menos piensan los hombres, más hablan. (Charles de Montesquieu).
  • Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. (Arquímedes).
  • De virtud hay una especie, de maldad, muchas. (Platón).
  • Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar. (Khalil Gibran).
  • Degustan más los sueños del futuro que la historia del pasado. (Thomas Jefferson).
  • Del trabajo proviene cuanto de grande hay en el hombre, y la civilización es un producto. (Smiles).
  • Demasiado al Este es el Oeste. (Proverbio inglés).
  • Desde el momento en que uno no puede esperar vengarse, comienza a odiar. (Stendhal).
  • Detrás de cada hombre con éxito hay una mujer sorprendida. (Anónimo).
  • Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre. (Gustavo Adolfo Bécquer).
  • Donde hay poca justicia es grave tener razón. (Francisco de Quevedo y Villegas).
  • Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres. (Pitágoras).
  • Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida. (Anónimo).
  • El  hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad. (Kennedy).
  • El aburrimiento es una mala hierba, pero también una especia que hace digerir muchas otras. (Johann Wolfgang von Goethe).
  • El aburrimiento no puede existir donde quiera que haya una reunión de buenos amigos. (Françoise René de Chateubriand)
  • El afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables. (Pearl S. Buck).
  • El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos. (Cervantes).
  • El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta. (Karajan).
  • El arte de dirigir muchedumbres consiste en saber decirles lo que ellas piensan. (Jacinto Benavente).
  • El arte es la filosofía que refleja el pensamiento. (Tápies).
  • El arte es sobre todo un estado del alma. (Marc Chagall).

martes, 10 de abril de 2012

Adolfo Suárez. Acoso y derribo.


Se han hecho algunas afirmaciones que afectan a mi historia personal. No me siento, en modo alguno, ofendido por ellas. No las he ocultado en ninguna ocasión ni en ningún momento de mi vida  Soy un hombre que cuando acepté la presidencia del gobierno de este país, en circunstancias evidentemente poco satisfactorias para la inmensa mayoría de los españoles, y pienso que también para la inmensa mayoría del mundo internacional, asumí el compromiso firme de devolver la soberanía al pueblo español; asumí el compromiso de no protagonizar sino trabajar con todas las fuerzas políticas que entonces estaban en la clandestinidad, en el logro de una España que fuera perfectamente habitable para todos los españoles. Dije en mi primera comparecencia pública, cuando solicité el voto de los españoles, para que nadie pudiera llamarse a engaño, que en la formación política que en aquel entonces acaudillaba se presentaban hombres y mujeres que habían servido en el régimen anterior con honor, y hombres y mujeres que habían estado en la oposición democrática al régimen anterior. Y aquella coalición obtuvo un respaldo mayoritario del pueblo español. Naturalmente, sigo sintiéndome orgulloso de mi trayectoria política.

No me siento, en modo alguno, deshonesto por la trayectoria política personal que he seguido.  He procurado el cambio -ésta es una acusación que se me hace desde sectores mucho más a la derecha- de un sistema autoritario a un sistema democrático, apoyándome fundamentalmente en las leyes que entonces estaban vigentes y siguiendo todos los trámites que en ellas se explicaban para hacer el cambio político.

No me siento, por tanto, ofendido por el hecho de que se me recuerde que he sido vicesecretario general del Movimiento cuando fue ministro Fernando Herrero Tejedor; he sido director general de Radiodifusión y Televisión; he sido gobernador civil y jefe provincial del Movimiento; he sido jefe de sección, jefe de negociado… He trabajado mucho. Y ahora soy presidente del Gobierno. Soy un presidente del Gobierno, democrático, amparado por un partido que tiene mayoría parlamentaria, y soy también presidente del Gobierno, del primer Gobierno constitucional en este país después de cuarenta años.
…

Yo tenía claro que mi permanencia en el poder iba a ser muy corta.  Incluso lo dije en público en alguna ocasión. Sólo se recuerda ahora lo que dije de los 107 años de gobierno de UCD, que sólo era una expresión para transmitir a la opinión pública la necesidad de que se consolidase un partido político de centro. Pero lo otro también lo dije. El diálogo con las fuerzas políticas y el logro de un consenso era para mí más vital que cualquier otra cosa. Luego, cuando funcionáramos dentro de las reglas de la Constitución, ya conformarían sus programas electorales como quisieran. Pero en aquel primer momento ese era mi objetivo, y a eso dediqué todos mis esfuerzos. Y no era mi prioridad hacer una formación política capaz de sustentar un partido político en serio. Ese partido debíamos haberlo hecho entre todos, no se consiguió y yo tengo que asumir esa responsabilidad.

Yo me tenía que apoyar en siglas que aglutinaban a cien o doscientas personas, cuyo apoyo necesitaba. Eran personas relevantes, de sectores que podían jugar en el proceso de la transición, y que podían consolidar un gran partido. Pero eso no se pudo lograr. Unos han dicho que por exceso de liderazgo mío, otros que por ausencia de ese liderazgo. Los que así lo afirman son los que intentaron que me uniera a una de las corrientes, cosa que yo entendí que no debía hacer. La cuestión es que no se logró, y yo asumo las responsabilidades que en ello me corresponden.

Había sectores que me reprochaban irme hacia la izquierda. Creo que aunque eso hubiera sido verdad, habría sido una jugada inteligente, porque uno de los daños más graves que pudiéramos haber sufrido habría sido que la radicalidad con la que planteaba sus temas la izquierda hubiera pasado a ser una actuación con todas sus consecuencias; que se hubiera hecho tabla rasa del pasado, con la consiguiente confrontación. Pese a todo, hubo un intento de golpe de Estado.
…

Empezamos a aglutinar a una serie de personas que habían tenido contacto conmigo y que yo sabía que eran demócratas. Así se construye la UCD, por la necesidad de presentarnos a las elecciones; parecía obvio que compareciéramos. Las personas se portaron muy bien, pero muchos seguían desconfiando de mi currículo político y académico, pese a mis posiciones en el Consejo de Ministros y a mis intervenciones públicas. Cuando ya formamos partido, y después del 77 está clarificado el juego político, me encuentro con que algunos dirigentes de UCD empiezan a ser frecuentados por algunos personajes del PSOE y de AP. Eran demasiados grupos integrando lo que era una coalición; hago un partido y fracaso. Porque estaba muy ocupado en el Gobierno, porque las personas que podían hacerlo no lo consiguieron; el caso es que lo intentamos y no lo logramos. Creo que entre todos nosotros hay una especie de complicidad, de afecto, de trabajo común, y que todos tenemos un rinconcito de culpabilidad por no haber sido capaces de hacer una fuerza política. Yo asumo la máxima responsabilidad.

…

El problema no es qué opinas tú de ti mismo, sino lo que tú ves que los demás opinan de ti. Hay una imagen que se introduce como una especie de termita dentro de UCD, de los cuadros directivos, y que yo percibo, porque soy inteligente. Cuando me denomino “chusquero de la política” no estoy haciendo de mí un retrato peyorativo, sino todo lo contrario. Estoy hablando de una persona que ha pasado por todos los escalones de la Administración y que, por tanto, debe conocer lo que es la Administración Pública y la relación de la Administración con los administrados. Lo mismo que de la vida política y sus engranajes.  Digo esto, nada más y nada menos. Lo que pasa es que en aquella época hubo una interpretación peyorativa, con independencia de que dijeran también que era inteligente y muy audaz. Cuando hablaban de mi audacia, no era para alabarme; lo que estaban transmitiendo es que era una persona peligrosa.  Y a continuación añadían: “Como no sabe…” Pero eso no me hacía sentirme incómodo ante ellos, en absoluto. En los Consejos de Ministros tomaba yo las decisiones y punto. Esa era mi obligación. Me arriesgaba y no hacía culpables a los demás; asumí todos los errores que tuve que asumir. Soy así, y, por otra parte, tengo suficiente experiencia vital para percibir en las miradas, en las sonrisitas, lo que pueden opinar de uno en un momento determinado y soportarlo con tranquilidad. Lo que pasa es que lo tengo en cuenta a la hora de tomar decisiones.

…

La presentación del nuevo Gobierno -el primer Gobierno constitucional- en el Parlamento no generó un gran debate político, sino apenas una “faena de aliño”, como fue calificada, de carácter técnico por lo que suponía de reforma administrativa, a cargo de tres de los ponentes constitucionales: Pérez Llorca (UCD), ministro de la Presidencia, Solé Tura (comunistas) y Gregorio Peces Barba (PSOE). El presidente Suárez apenas hizo una improvisada explicación de cortesía.

Han sido criterios de eficacia y de adaptación a la realidad a la que tiene que hacer frente el Gobierno que acaba de constituirse. Es un Gobierno de hombres de UCD, que va a responder y a cumplir el programa político, el programa de Gobierno y el programa electoral de Unión de Centro Democrático, en toda su extensión y profundidad.
…

En la crisis de mayo de 1980 fue nombrado, por fin, ministro del Interior Juan José Rosón, para muchos el mejor titular de este departamento en toda la historia democrática, incluida la etapa socialista. El mal ambiente reinante fue aprovechado por el PSOE para presentar la moción de censura, que fue una derrota moral de Suárez y un triunfo político de Felipe González. Sirvió, sobre todo, para exacerbar las tensiones internas de UCD. Los críticos del partido empezaron a mostrarse de acuerdo con el PSOE en la idea de un gobierno de coalición, con UCD al frente, pero sin Suárez.  Unos meses después se barajó la hipótesis de un Gobierno de salvación, con un militar al frente, mientras se presionaba al Rey para que forzara la dimisión del presidente constitucional. Adolfo Suárez ni siquiera podía destituir con facilidad a un ministro díscolo, que estaba “conspirando” con la oposición. Sobre todo, porque debía cuidar la aritmética parlamentaria y ese ministro tenía, por ejemplo, diez diputados detrás,


Lo importante era que las cosas salieran adelante, y para eso debía tener en cuenta el equilibrio, y yo sabía que el diálogo era un factor determinante. Pero era un esfuerzo tremendo, porque no había diálogo interno enUCD, aunque hizo una labor espléndida. Lo que quiero decir es que me afectó mucho en toda aquella época la falta de credibilidad que yo sentía entre mis más cercanos colaboradores. Lo percibía, pero tengo un alto concepto de mí mismo, soy una persona normal.

Mis consejos de Ministros duraban muchísimo tiempo; ahora, a veces, sirven únicamente para ratificar lo ya acordado, y eso era una estrategia. Lo hacía así porque de ese modo salían a flote las decisiones consensuadas que a mí me parecían más lógicas. La cantidad de Gobiernos que tuve fue también una consecuencia de las exigencias de los miembros más destacados del partido, que tenían influencia en sectores determinantes de diputados. Había que tener mucho cuidado porque, gobernando en minoría, y sin apoyos explícitos de nadie, cada día que ibas al Parlamento te estabas jugando una posible derrota del Gobierno.


Fuente: FUE POSIBLE LA CONCORDIA, Adolfo Suárez.  Edición de Abel Hernández. ESPASA.

Adolfo Suárez. Candidato.


El día 3 de mayo de 1977, Adolfo Suárez comparecía en RTVE ante los españoles y anunciaba que se presentaba a las elecciones en el cartel de UCD.  Así explicó su posición política:

Creo, modestamente, tener el derecho y al mismo tiempo el deber de identificarme públicamente y no a escondidas con aquellos grupos o personas que desde una posición de centro pretenden ofrecer a los electores lo que ha sido una constante de mi Gobierno: una alternativa política que tienda a evitar peligrosos enfrentamientos, ofreciendo al mismo tiempo una plataforma de colaboración para un entendimiento duradero entre los españoles.

Creo que es una opción que debe ser ofrecida al electorado junto a las demás que existen en nuestro panorama político y pienso que esta opción no perjudica a ninguna de las fuerzas que ya se han perfilado con nitidez ante las elecciones. En todo caso, permite cubrir un espacio político que, a mi juicio, todavía no está suficientemente delimitado.

Desde esta perspectiva, he tomado la decisión de presentarme como candidato independiente al Congreso de los Diputados. Ruego a todos ustedes, y muy especialmente a las fuerzas políticas, que me hagan el honor de creer que es una decisión muy meditada, muy consultada, ciertamente incómoda y con evidentes riesgos.

Al presentarme como candidato no voy a buscar el voto fácil ni hacer una solicitud de respaldo personal. Nunca he perseguido, en mis acciones de Gobierno, pedir nada para mí. Se me encargó la misión de llevar a buen puerto la reforma política de nuestro país, y debo comparecer a juicio público cuando se establece la primera consulta democrática.

No puede quedar en el aire, descolgada, sin asistencia o crítica popular, una obra de Gobierno que se hizo al servicio de la democracia y que todavía no fue contrastada por el voto, aunque haya surgido del resultado inicial expresado en el referéndum.

Estos son mis motivos. Se que, a pesar de ello, y porque estamos en plena dialéctica de partidos, mi decisión puede causar recelos en algunos grupos. Ante ellos he de decir que concurro a las elecciones sin privilegio alguno de organización; sin apoyo de los órganos de gobierno; y, por supuesto, sin ningún apoyo de la Corona, que está por encima de las opciones y contiendas.

No concurro, señoras y señores, siquiera como hombre de partido, sino en una coalición de partidos, grupos o personas independientes, que se sitúan en una posición de centro y que proclaman su coincidencia con los criterios que inspiran mi actividad política desde el día de mi nombramiento. Me siento identificado, como lo demuestra la gestión de casi trescientos días, con todas aquellas fuerzas que hacen de la moderación su principio […]

A estas alturas del proceso político, creo que los grandes esfuerzos nacionales -y especialmente de sus líderes y dirigentes- han de centrarse en evitar que se dibujen peligrosamente enfrentados los grupos políticos. Debemos evitar entre todos que se repita -real o dialécticamente- la división política de los españoles en dos frentes antagónicos, porque ahora que estamos estrenando la democracia, podría tener muy graves consecuencias para nuestra patria.

Y porque la Historia nos enseña que debemos tomarnos muy en serio esta posibilidad; y porque estamos convencidos de que existe un mayor pluralismo, me parece imprescindible presentar al pueblo español un posible factor de equilibrio, sin la amenaza permanente de la división de los españoles en dos mitades, como si esa fuese nuestra realidad nacional.

… Al tomar esta decisión, la gran dificultad estriba en hacer compatible mi presentación con el ejercicio de las funciones de presidente del Gobierno. Podría renunciar a ellas, pero no debo hacerlo, porque eso supondría entrar en una crisis política que pienso que no le conviene al país en estos momentos,  Pero ello no impedirá que las elecciones sean absolutamente libres, transparentes y claras.


Fuente: FUE POSIBLE LA CONCORDIA, Adolfo Suárez.  Edición de Abel Hernández. ESPASA.

Adolfo Suárez. La dimisión.




Jueves, 29 de enero de 1981, Adolfo Suárez hace pública su dimisión a través de la televisión.

Hay momentos, en la vida de un hombre, en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento irrevocablemente mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas, tanto en nuestra vida personal como en la historia de los pueblos, en las que uno debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la presidencia.

Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo. Tengo el convencimiento de que ésta es la situación en la que nos hallamos, y por eso mi decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero como frecuentemente ocurre en la Historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España.

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una Historia repleta de traumas y de frustraciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.

Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente.  Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica al normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente, pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y para confiar en nosotros, los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.

Yo, por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada, nos hemos trazado. Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo; pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a salir adelante.

Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo.  Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.



Fuente: FUE POSIBLE LA CONCORDIA, Adolfo Suárez.  Edición de Abel Hernández. ESPASA

Adolfo Suárez. Presidente del Gobierno.




El día 6 de julio de 1976, después de jurar ante el Rey el cargo de presidente el día anterior, Adolfo Suárez se dirigía a todos los españoles por televisión y Radio Nacional. Su mensaje a la nación, grabado en su casa, fue ofrecido en el telediario de las 21:30.

… Hoy comienzo mi trabajo con serena responsabilidad. Si gobernar es administrar unos bienes que son propiedad de todo el pueblo, es lógico que el primer propósito sea la relación directa con todos los ciudadanos, y ello, con un doble fin: dialogar y escuchar, aceptar propuestas y conseguir, de acuerdo con el mensaje de la Corona, que ninguna causa justa deje de ser oída.

Estoy aquí para trabajar con todos y para todos los españoles. No pretendo anunciar un programa. Esta es una tarea que corresponde al Gobierno. Sólo decir que las preocupaciones de la nación son mis preocupaciones. Si a los españoles les preocupa encontrar un trabajo adecuado o que aumente el paro, a mí también. Si les preocupa, a pesar de todas las explicaciones estadísticas, la subida de los precios, por ejemplo, a mí también. Si les preocupa no encontrar en algunas zonas un puesto escolar adecuado para la educación de sus hijos, a mí también. Si la sociedad española aspira a una normalización democrática, vamos a tratar de conseguirla. Si se ha iniciado como tarea urgente la reforma política, vamos a acelerarla con el realismo que nuestro tiempo exige. Y si nos encontramos con graves problemas en nuestra vida diaria, vamos a esforzarnos en encontrar soluciones.

Al asumir la Presidencia, me impongo como primer deber el realismo y ello me conduce a varias consideraciones:

Primera, que el Gobierno que voy a presidir no representa opciones de partido, sino que se constituirá en gestor legítimo para establecer un juego político abierto a todos. La meta última es muy concreta: que los Gobiernos del futuro sean el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles, y, para ello, solicito la colaboración de todas las fuerzas sociales.

Segunda, que todo Gobierno que aspire a ser útil al servicio de la paz civil tiene que respetar las leyes y esforzarse por que en ellas se reconozca la realidad del país. Hace pocos días, en las Cortes afirmé, y repito ahora, que tenemos que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de la calle es simplemente normal.

Y Tercera,  que el afán de cambio sólo se puede encauzar satisfactoriamente si se parte de la evidencia de que España es una tarea común; de que la buena voluntad no es patrimonio exclusivo de determinados grupos; de que el diálogo a rostro descubierto es el único instrumento de convivencia.

Pertenezco, por edad, a una generación de españoles que sólo ha vivido la paz. Pertenezco, por convicción y talante, a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación.

Deseo que el orden y la libertad convivan en el mismo campo, completándose mutuamente. A esa mayoría de españoles nos apremia la urgencia de la justicia social. Sabemos apreciar, o creemos saber apreciar, el esfuerzo por las libertades cívicas y por unos derechos que comienzan en una vida digna, y terminan en la posibilidad de que el pueblo español sea dueño de su propio destino.

Con esta ilusión les invito hoy a iniciar juntos un camino de futuro. La confianza que me animó a aceptar esta grave responsabilidad radica en el propósito de que la iniciativa del Gobierno sea el reflejo puntual y auténtico de la voluntad popular. Si debiera señalar una aspiración en este momento, creo que podría reducirla a una fórmula ya clásica: gobernar con el consentimiento de los gobernados.

… La corona tiene una voluntad expresa de alcanzar una democracia moderna para España, una democracia en la que la libertad, la justicia, la participación, la cultura y la paz sean fruto del esfuerzo de todos y el resultado del que todos se beneficien. El servicio a estos propósitos constituye mi más firme decisión.

La tarea, hoy como ayer, se sigue llamando España. La ilusión, como siempre, es hacerla digna en su sentido nacional, próspera en lo económico, justa en lo social y habitable con honor para todos. Vamos a intentarlo juntos.  Muchas gracias.


Fuente: FUE POSIBLE LA CONCORDIA, Adolfo Suárez.  Edición de Abel Hernández. ESPASA.

lunes, 9 de abril de 2012

Cartas a un amigo imaginario, 2012


22 febrero 2012


Amigo imaginario:

En esta primera carta del año, quiero referirme a la reciente inhabilitación del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. Confieso mi ignorancia en cuestiones judiciales, y, tal vez por ello, no alcanzo a comprender esta decisión del Tribunal Supremo -por unanimidad de los siete magistrados que lo juzgaron-, tras rechazar todos y cada uno de los argumentos de la defensa. La sentencia, al parecer inapelable, lo inhabilita durante 11 años -lo que, debido a la edad que tiene el juez Garzón (56 años), equivale, de facto, a la expulsión de la carrera judicial- por haber ordenado la intervención de unas comunicaciones en la cárcel, entre los procesados en el Caso Gürtel y sus abogados defensores. Es cierto, no obstante, y el Supremo insiste en ello, que las escuchas entre presos y abogados sólo son admisibles en casos de terrorismo. Pero condenarlo como autor responsable de un delito de prevaricación judicial, sin haber considerado que dichas escuchas fueron respaldadas por la Fiscalía y refrendadas por otros dos jueces, me resulta absolutamente incomprensible. Y, aunque no dudo que esta sentencia haya sido dictada ajustándose rigurosamente a la ley, como no podía ser de otra forma, considero, con la debida prudencia y el máximo respeto, que no se ha hecho justicia. Ahora bien -y aludo de nuevo a mi ignorancia en cuestiones legales-, respecto a este tipo de cuestiones conviene tener siempre presente el aforismo jurídico: “El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. Y en eso estoy.

El juez Garzón, como es público y notorio, querido amigo, contribuyó a dignificar la justicia española a nivel mundial. Fue el adalid indiscutible en la lucha contra el narcotráfico. Investigó a la organización terrorista ETA y a su entorno. También destacó en la lucha en favor de los derechos humanos, promoviendo una orden de arresto contra el exdictador chileno, Augusto Pinochet, por crímenes contra la Humanidad. Asumió la investigación sobre los crímenes de la Guerra Civil Española y el franquismo… Y un largo etcétera. Es cierto, no obstante, que la gran relevancia de sus actuaciones lo convirtieron en un juez estrella, en un superjuez, lo que suscitó muchas envidias en su entorno profesional; y ello, probablemente -aunque también es comprensible-, pudo haberlo llevado a pecar de vanidad. ¿A quién no? Pero eso, creo yo, hay que considerarlo como algo meramente circunstancial. Nunca condenatorio.

Aún admitiendo los errores que el juez Baltasar Garzón haya podido cometer, que sin duda los hubo, me quedo con su gran capacidad de trabajo, con su plena dedicación, con la minuciosidad de sus investigaciones, con su valentía… Y con su honestidad.

Amigo mío, me apetecía comentarte este asunto que, ciertamente, me produce indignación. Sobre todo, por la dureza de la condena  -a un juez de tan merecido y reconocido prestigio-, sin la más mínima concesión atenuante. Y esto, lamentándolo mucho, aun a riesgo de incurrir en un grave error, me hace dudar seriamente de la Justicia.

Un fuerte abrazo.

Robert



 5 abril 2012


Amigo imaginario:

Estoy desconcertado. El señor Rajoy, don Mariano -nuestro actual presidente del Gobierno-, en un alarde de desfachatez manifiesta, incumpliendo su programa electoral, sube los impuestos y abarata el despido. Y, por si esto fuera poco, ahora nos sorprende con una amnistía fiscal mediante la cual los defraudadores -timadores de guante blanco-, serán redimidos de sus pecados “capitales” -¡hay que jod…!-, observando una simbólica penitencia: el pago de una ínfima cantidad, si retornan el dinero que se llevaron fuera del país; garantizándoles, además, el más absoluto anonimato. Y aquí paz y después gloria.

Según un artículo publicado ayer en las páginas de opinión de un conocido diario de ámbito nacional, cuando en el año 2010  el señor Rodríguez Zapatero formuló una medida similar, el señor Rajoy manifestó: “…es impresentable. Claro que estoy en contra de una amnistía fiscal, porque se les está diciendo a los que pagan impuestos que se les van a subir, mientras a quienes defraudan les regalan una amnistía. ¡Es tan injusto, tan antisocial, es tal barbaridad, que estoy en contra! Esperemos que esta sea la última ocurrencia del Gobierno. España no necesita una amnistía fiscal, sino confianza en la política económica del Gobierno, y no la hay”.

Ya me dirás, amigo mío, si no tengo motivos, más que suficientes, para estar sumido en el desconcierto más absoluto. También puede ser, cómo no, que me halle perdido en la inmensidad de un proceloso y, para mí, desconocido océano.

Para tu información, te comunico que el pasado día 30 de marzo, se aprobaron en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado 2012. Unos presupuestos que, por su carácter restrictivo: recortes en la Sanidad y Educación públicas -entre otros recortes-, fueron presentados después de celebrarse las elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias, en un alarde de estrategia partidista que, sin embargo, no surtió los efectos positivos que esperaba el Partido Popular.

No estoy en condiciones de calificar, con racional autoridad, los citados presupuestos. Sin embargo, como era de esperar, en la prensa escrita, del mismo modo que en radio y televisión, firmas y voces autorizadas –y algunas que no lo son tanto, ciertamente- se han manifestado mayoritariamente en contra de unos presupuestos que ponen en serio peligro el Estado de bienestar. De todos modos, las opiniones –a favor o en contra- no siempre son objetivas. Dependen, en gran medida, del color político de esas firmas y voces; de sus periódicos, emisoras de radio o cadenas de televisión. Entre esas firmas y voces –tertulianos ocasionales, en su mayoría-, además de reconocidos periodistas, hay también políticos, economistas, profesores universitarios… Es decir, profesionales con conocimientos sobradamente demostrados. Pero, como suele ocurrir en otros ámbitos, sus opiniones son dispares. Algunas, incluso, disparatadas. Lo que aún me confunde más. De cualquier manera, considero que no es prudente, ni razonable, opinar de forma irreflexiva sobre un asunto tan comprometido, ni tampoco esperar resultados inmediatos. Si las medidas adoptadas resultan o no efectivas para reducir el déficit, lo sabremos a largo plazo. Mientras tanto, paciente amigo, además de apretarnos el cinturón hasta que la hebilla nos llegue a la espalda, considero necesario que el Gobierno reconsidere algunos de los recortes anunciados, para no lesionar seriamente derechos fundamentales. Ahora bien, si, a pesar de todo, no se logran los resultados esperados, tendremos que pensar en elevar nuestras plegarias para que tengamos suficiente margen de maniobra que permita corregir la deriva, rectificar el rumbo y enderezar la nave antes de que zozobre.

Querido amigo, sé que estoy dibujando un panorama muy desalentador. Pero, lamentablemente, la actual situación económico-social en nuestro país –como ocurre en otros de nuestro entorno comunitario-, no invita al optimismo.

Finalmente, como suelo recomendarte en circunstancias especialmente comprometidas, como la actual, es conveniente –a la vez que muy saludable- permanecer vigilantes, oteando el horizonte.

Un fuerte abrazo.

Robert


5  mayo 2012


Amigo imaginario:

Nuestro Gobierno cogió carrerilla, se lanzó cuesta abajo -¡a toda pastilla!- y me da la impresión de que se ha quedado sin frenos. Te digo esto, porque, a la vista de sus últimas actuaciones, deduzco que le gusta más hacer recortes presupuestarios que a un niño un chupa chups. Y para seguir manteniendo esa velocidad de crucero, el señor Rajoy anuncia que todos los viernes, en el Consejo de Ministros, se decidirán nuevos recortes. ¡Y se queda tan ancho!

Amigo mío, sarcasmos aparte, la situación en nuestro país no está para grandes alegrías. Sin embargo, las medidas que se están adoptando –algunas, en mi opinión, excesivamente drásticas- no parece que vayan orientadas a crear empleo ni a reactivar la economía, sino todo lo contrario. Es cierto, qué duda cabe, que la subida de impuestos y los recortes presupuestarios sanearán las arcas del Estado. Pero, ciertamente, por deducción lógica, vaciará los ya muy menguados bolsillos de los ciudadanos. Y en esas condiciones, ¿cómo puede crecer la economía? ¿Quién puede permitirse comprar más allá de lo estrictamente necesario? ¿Con qué dinero, si después de hacer frente a los gastos más imprescindibles… y malcomer, nos quedamos a dos velas?  ¡Qué alguien me lo explique!

En mi carta del pasado 31 de diciembre de 2011, te decía: “Nos esperan duras medidas restrictivas que, aunque las suponemos necesarias, no creo que las asumamos con agrado”. Y esas duras medidas, como suponíamos, ya están aquí. Y, como no podía ser de otra forma, a los ciudadanos nos desagradan. Entendemos, sin embargo, que los recortes presupuestarios son necesarios. Naturalmente que lo entendemos. Pero nos cuesta aceptar, tal vez por desconocimiento –como simples ciudadanos de a pie-, que los puñeteros recortes se apliquen en las partidas correspondientes a Sanidad, Educación y Servicios Sociales. Y esto, lamentablemente, me temo que no ha hecho más que empezar.

A través de los distintos medios de información, querido amigo, sabemos que el Gobierno de España –del mismo modo que otros Gobiernos de países miembros que se encuentran en una situación similar-, haciendo gala de una sumisión excesiva, está aplicando unas medidas restrictivas que tanto nos incomodan, siguiendo las pautas que le marcan desde Bruselas. Y todo ello bajo la batuta de la señora Merkel, que es la que impone su criterio en la UE. Y yo, en mi ignorancia, pregunto: ¿se mantendría el mismo nivel de exigencia si, coyunturalmente, Alemania se encontrara en una situación de déficit parecida a la actual de España? ¿Aceptaría, sin más, las medidas restrictivas que le impusieran desde Bruselas? Creo, sinceramente y sin temor a equivocarme, que la UE cambiaría, entonces, su nivel de exigencia. Porque, desengañémonos, dentro de la UE también existen países de primera y de segunda división.

En fin, como puedes comprender, todo este asunto me tiene muy desconcertado, confuso, preocupado, intranquilo, alarmado y desconfiado. En definitiva, ¡muy mosqueado!

Un fuerte abrazo.

Robert


19 mayo 2012


Amigo imaginario:

Hoy, mi estado de ánimo está bajo mínimos. A las 3 de la madrugada, dejó de existir uno de los más significativos familiares que he tenido: mi primo Guillermo.

Tenía 74 años –seis más que yo-, y siempre fue un hombre vital y animoso, de trato agradable, muy sociable y gran conversador. El cáncer, esa terrible y cruel enfermedad de nuestro tiempo, acabó con su vida.

Me avisaron de la gravedad de su estado, y fui a visitarlo al hospital. Se encontraba sedado, y su agitada respiración no dejaba lugar a dudas. Me sobrecogió tener que aceptar lo que  ya era inevitable…

Recuerdo, siendo yo todavía un niño, la gran admiración que sentía por Guillermo. Era ese primo mayor que casi todos tuvimos en nuestra infancia, con el que nos sentíamos protegidos, seguros, confiados… A salvo. Recuerdo, también, cuando iba con él al cine, los domingos por la tarde. Y, cómo olvidar, mis primeras experiencias como pescador de caña, enseñándome a colocar el  plomo en el sedal, a empatar el anzuelo y a ensartar el cebo. Y, sobre todo, a esperar pacientemente a que los peces picaran. También recuerdo como, incansable y pacientemente, sujetaba la bicicleta sobre la que yo, pedaleando con torpeza, trataba de mantener el equilibrio… ¡Cuántos recuerdos!

Pasaron los años, y aquella diferencia de edad -que en la niñez era tan notoria, tan evidente-, de alguna forma, se había equilibrado. Es lo que ocurre cuando se van cumpliendo años. Todo parece que se equipara, que se iguala… Cuando nos encontrábamos, que solía ser muy de tarde en tarde, nuestros comentarios -así como las opiniones subsiguientes- solían ser razonablemente coincidentes. Siempre tuvimos una sana y cordial complicidad. Me sentía muy cómodo hablando con él. Me transmitía mucha tranquilidad y confianza.

En los últimos años, por circunstancias que suelen escapar a nuestro control, es triste reconocer que ya únicamente coincidíamos en algún suceso familiar luctuoso. Me tranquilizaba mucho saber que él estaría allí, poder saludarlo y hablar de mil cosas... Todavía no consigo hacerme a la idea de que nunca más volverá a estar ahí mi querido y admirado primo, Guillermo.

Amigo mío, soy consciente de que el contenido de esta carta no te habrá resultado agradable. Y siento mucho que hayas tenido que soportar mis lamentos. Pero, compréndelo, necesitaba desahogarme... Gracias por tu infinita paciencia. Gracias por tu comprensión.

Un fuerte abrazo.

Robert




09 julio 2012


Amigo imaginario:

Aunque no te comenté nada en su momento, pues no era una de mis preocupaciones –y continúa sin serlo-, el día 5 de julio del pasado año, los archiveros encargados de su custodia denunciaron la desaparición del Códice Calixtino, que se encontraba en la cámara acorazada de la Catedral de Santiago de Compostela.

Resumiendo mucho, para no repetir aquí lo que se puede leer ampliamente en la enciclopedia digital Wikipedia, se trata de un manuscrito del siglo XII que debe su nombre al papa Calixto II, y consta de 225 folios de pergamino, numerados con paginación romana y redactados en latín. El Códice nació para propagar la devoción al apóstol y el culto jacobeo.  

Bueno, amigo mío, la cuestión es que el pasado día 4  de este mes de julio, después de un año de investigación policial –centrada en las sospechas que recaían en un antiguo operario del templo: un electricista que, finalmente, resultó ser el autor del robo-, al fin se localizó el Códice que, según han manifestado los responsables del archivo catedralicio, está en perfectas condiciones de conservación. Voy a obviar los detalles del hallazgo, así como las pistas que lo propiciaron, y no sólo del manuscrito, sino también de una importantísima cantidad de dinero, ya que fueron difundidos con todo lujo de detalles en prensa, radio y televisión.

Lo que me ha sorprendido, a la vez que indignado, fue la presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el acto de entrega, o devolución, del Códice Calixtino al arzobispo de Santiago, que tuvo lugar ayer domingo en la Catedral Compostelana. ¿A qué ha venido, a salir en la foto? ¿Qué oscuro motivo le indujo a escenificar la entrega del manuscrito, arrogándose un mérito que no le correspondía? ¿Cómo tuvo la desfachatez de erigirse en protagonista, relegando a un segundo plano al presidente de la Xunta de Galicia? Sólo le faltó, a modo de entrada triunfal, llegar cabalgando a lomos de un blanco corcel, emulando al Apóstol, blandiendo el Códice en lugar de la espada... ¿No sería más razonable, en justo reconocimiento, que dicha entrega la efectuasen, además del juez instructor de la causa, también el jefe superior de Policía y el jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico? Las respuestas, querido amigo, las dejo a la conciencia de cada uno. Porque, sin proponérmelo, he llegado a la conclusión de que vivimos en un país irreal, imaginario, de fantasía, gobernado por políticos de opereta. Y así nos va.

Un fuerte abrazo.

Robert





12   julio 2012


Amigo imaginario:

Hace tres días que te escribí, y lo hago de nuevo porque la gran relevancia de lo que quiero comentarte no admite demora.

Hoy es el día después… Así comenzaba mi carta el 23 de mayo de 2011, tras las elecciones municipales y, en algunas comunidades, también autonómicas. Del mismo modo, aunque por distinto motivo, hoy también es el día después... Ayer, miércoles 11 de julio de 2012 –fecha que quedará grabada en la memoria de muchos ciudadanos-, el presidente del Gobierno anunció en el Congreso de los Diputados, el mayor ajuste económico de la historia de la democracia en nuestro país. El paquete de medidas que, con toda seguridad, se aprobará mañana viernes en el Consejo de Ministros, pone de manifiesto, una vez más, que una cosa son las promesas electorales, y otra muy distinta el cumplimiento de las mismas cuando se tiene la responsabilidad de gobernar. Ahora bien, considero inadmisible  –porque se trata de un engaño electoralista-, que se haya prometido lo que de antemano sabía sobradamente que no podría cumplir.

El presidente, Mariano Rajoy, dijo que tenía que hacer lo contrario de lo que había prometido porque las circunstancias han cambiado. Sin embargo, a mi modo de ver, las circunstancias eran y siguen siendo, las de una profunda crisis económica. Pero, claro, no es lo mismo estar en la oposición que gobernar. Porque, cuando gobernaba el Partido Socialista, el señor Rajoy, pertinaz y obstinado, le reprochaba al señor Rodríguez Zapatero, que cediera a las exigencias de Bruselas. Asimismo, decía que ”…subir los impuestos –poniendo especial énfasis en el IVA- para sanear las arcas del Estado, es un recurso que caracterizaba a los gobernantes mediocres”. Y que, además, “…es agravar aún más la maltrecha economía de los ciudadanos españoles...”Pues bien, entre los ajustes anunciados ayer, figuran: subida del  IVA, bajada del seguro de desempleo (del 60  al 50%) a partir del sexto mes, reducción de prestaciones a familiares que cuidan de personas dependientes, supresión de la paga extra de Navidad a los empleados públicos… Es decir, va a poner en práctica todo aquello que le censuraba al anterior Gobierno. Por todo ello, creo que procede aplicar aquí los refranes: “El que al cielo escupe, en la cara le cae” y “El que a hierro mata, a hierro muere”.

Amigo mío, la arrogancia y la prepotencia de este Gobierno, que parece desconocer la existencia de la humildad –no queriendo reconocer sus limitaciones, que las tiene-, son la muestra más evidente de que el Partido Popular, cuando estaba en la oposición, lejos de inquietarle la situación de crisis económica que, ya entonces, estaba asfixiando a nuestro país, y apoyar al Ejecutivo para aunar esfuerzos, lo único que perseguía era desgastarlo y desacreditarlo, con una clara e innoble estrategia de acoso y derribo, para lograr alzarse con el poder y la hegemonía. Ahora, que ya tiene ese poder y esa hegemonía, y que en pocos meses ha hecho uso y abuso de los mismos, estamos asistiendo a la pérdida de las conquistas sociales logradas a base de lucha y sacrificio. Estamos presenciando la decadencia del estado de bienestar. Estamos viendo cómo -sin prisa, pero sin pausa-, los que ostentan el poder que le otorgaron las urnas, están intentando aniquilar a la llamada clase media. Los ricos, serán más ricos; y los pobres, serán más pobres. Ya no habrá término medio. Se romperá el equilibrio. Ahora bien, esto únicamente ocurrirá si los ciudadanos lo consienten.

Por último, paciente amigo, como te dije en otra ocasión, resulta muy recurrente echarle la culpa al anterior Gobierno, y decir que todo lo que está ocurriendo es consecuencia de la herencia recibida. Y yo, en mi ingenuidad, pregunto: ¿ignoraba el Partido Popular, cuando era el principal partido de la oposición, cuál era la situación económica del país?  Y si la conocía, como era su obligación, ¿Por qué el señor Rajoy puso tanto empeño y hostigamiento, para desbancar a su oponente, sabiendo la herencia que iba a recibir? ¿Ambición de poder, tal vez? Porque, si ignoraba la situación en la que se encontraba España, así como las -más que previsibles- dificultades subsiguientes, ello me lleva a considerar que no tendría que haberse presentado como candidato a presidir el Gobierno de este país.

Y esto es todo por hoy, querido amigo. Ya habrá más ocasiones para continuar con este asunto, que, sin duda, es más que preocupante.

Un fuerte abrazo.

Robert





02 agosto 2012


Amigo imaginario:

“Querer imponer su ideología en temas de esta índole, señor Gallardón, es la inquisición trasladada al siglo XXI”. Así terminaba el artículo de Jaime Gómez Márquez, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la USC, publicado en el diario ‘La Voz de Galicia’ el  pasado31 de julio.

Te preguntarás por qué comienzo esta carta haciendo referencia al artículo citado. Voy a intentar explicártelo: Como debes saber, en la despenalización del aborto inducido se contemplan tres supuestos: riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada (supuesto terapéutico), violación (supuesto criminológico) y malformaciones o taras, físicas o psíquicas, en el feto (supuesto eugenésico). Pues, bien, amigo mío, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, erigiéndose en experto neurobiólogo –además de arrogarse estar por encima del bien y del mal-, considera que el tercer supuesto: malformaciones en el feto, no justifica poder abortar libremente. En consecuencia, pretende modificar la actual ley del aborto, suprimiendo ese supuesto.

Así están las cosas, querido amigo, y son muchas las voces que se han alzado en contra de esta propuesta del ministro. También, naturalmente, otras muchas están a favor. Pero ha de tenerse en cuenta que la ley del aborto -de la misma manera que la ley del divorcio, además de alguna otra-, no tiene carácter obligatorio. Se trata de una ley que otorga el derecho a elegir libremente, de acuerdo con las convicciones, morales o religiosas, de cada individuo. Y la mujer, por ser la única que posee la capacidad de concebir, desempeña un papel fundamental en la decisión de abortar o llevar a término un embarazo de esas características. Se trata de una decisión difícil, sin duda, por el grave dilema moral que plantea. Sin embargo, si una mujer que se encuentre en uno de los tres supuestos decide abortar, ha de poder hacerlo bajo el amparo de la ley y de forma gratuita, dentro de nuestro sistema de salud pública. Y si, a pesar de todo, elige tener ese hijo, debe garantizársele que, además de asistencia sanitaria gratuita, tendrá las ulteriores ayudas sociales necesarias.

Me pregunto, amigo mío, si el ministro tiene conciencia del alcance de una malformación en el feto. Mis escasos conocimientos sobre el tema, me han llevado a documentarme convenientemente. Es sobrecogedor saber que un nacido con malformaciones, padecerá graves patologías durante toda su vida. Y a su sufrimiento -¡que será mucho!-, habrá que añadir el de sus padres –especialmente el de la madre-, que tendrán que cuidarlo, con dedicación exclusiva y permanente, durante todos los días de su vida, atendiendo a todas sus necesidades. ¡A todas!, absolutamente. Porque, por si el señor Ruiz-Gallardón lo ignora, será un niño con parálisis cerebral y los trastornos funcionales asociados. Y si, como parece, el Gobierno al que pertenece pretende acabar con la ley de dependencia, ¿qué será de ese niño cuando falten sus padres? ¿Lo cuidará el señor ministro o alguno de sus correligionarios? ¿Se harán cargo de ese niño los obispos (Conferencia Episcopal) que, como no podía ser de otra forma, aplauden con entusiasmo la pretendida modificación de la ley, y que tienen en el ministro al aliado perfecto?

Estimado amigo, estarás de acuerdo conmigo en que limitar la libertad de elección de los ciudadanos, imponiéndoles acciones contrarias a sus convicciones, es regresar a la intolerancia, al absolutismo... ¡A la tiranía!

Dicho lo anterior, me apresuro a puntualizar que, además de los tres supuestos citados –los cuales suscribo, absolutamente-, la interrupción voluntaria de un embarazo ha de ser, esencialmente por parte de la mujer, una decisión muy meditada. Se trata de un asunto muy serio, sobre el que no se debe frivolizar. Pues no estamos hablando de ir a la peluquería, ni de hacerse un tratamiento de belleza. Ahora bien, si una mujer decide abortar, sometiéndose a una intervención quirúrgica que, como tal, no está exenta de riesgos, debe poder hacerlo libremente y con todas las garantías sanitarias.

Y esta es mi particular visión sobre un tema tan controvertido, como el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo –o al aborto, si prefieres llamarlo así-, aunque hemos de tener siempre muy presente, como norma elemental de comportamiento, que una cosa es hacer uso de todo aquello que libremente nos permita la ley; y otra muy distinta, el abuso que se pretenda hacer de la misma.

Un fuerte abrazo.

Robert





1 octubre 2012


Amigo imaginario:

Nuestro país está sufriendo la peor crisis económica que se recuerda en democracia. Esta gravísima situación, que es realmente alarmante, los ciudadanos la estamos viviendo con especial preocupación. Y muchos –que ya son legión, y en inquietante aumento-, la están padeciendo en una lamentable situación de extrema pobreza que no parece tener fin.

Como te dije en más de una ocasión, querido amigo, a los políticos –refiriéndome, naturalmente, a los carentes del necesario peso específico- únicamente les interesa alcanzar el poder, en su propio beneficio y en el de su partido. Todo lo demás, les importa un bledo (aquí, como puedes ver, he sido educado). El verdadero político -el de casta y convicción-, sabe que ha de estar al servicio del Estado, procurando el bienestar de los ciudadanos, y no al de los intereses del partido al que representa. También ha de saber estar, en todo momento, a la altura de las circunstancias, y con la necesaria capacidad de resolución. Pero, con estas características –es decir, políticos de verdad-, ya no quedan en este país.

Ignoro por qué extraña razón, aunque razones no faltan, siempre acabo haciendo algún comentario sobre política y, especialmente, sobre los políticos. Pero es que, como tú sabes, la situación del país y, por consiguiente, la de los ciudadanos que vivimos en él, se está volviendo insostenible. Es decir, ¡estamos jodidos! Y mucho. Ya sé que lo que acabo de escribir es una grosería. Una insolencia. Tal vez, incontinencia verbal crónica. Soy consciente de ello. Pero no me negarás que es la expresión que mejor define, en sentido figurado y coloquial, la situación en la que nos encontramos. Y, como todos suponemos, no parece que este escenario vaya a cambiar de decorado a corto o medio plazo.

Cambiando de asunto –especialmente para no redundar en la crítica a la que te tengo acostumbrado-, hace un par de días, reubicando unos libros, me detuve en tres manuales de pequeño formato, que tienen para mí un especial significado. Dos de ellos: ‘Recetario del Automovilista’ (752 páginas) y ‘Manual Práctico del Automovilista y del Piloto Aviador’ (860 páginas), fueron editados en 1922. Y el tercero, ‘Trazados y Cálculos de Taller’ (222 páginas), fue editado en 1947. Los tres pertenecían a mi abuelo, que me los regaló cuando yo estudiaba bachillerato en el Instituto Laboral. Las materias y los conceptos que figuran en ellos, así como el lenguaje utilizado, corresponden a la época en que fueron editados. Sin embargo, todo está expresado con absoluta claridad para facilitar su comprensión. El tercero de ellos, ‘Trazados y Cálculos de Taller’ –además de otros muchos, naturalmente-, me acompañó durante toda mi vida profesional.

Los tres libros mencionados -que, como podrás comprender, les tengo un gran cariño-, nunca los prestaré. ¡Jamás! Porque, como dijo el novelista y poeta alemán, Theodor Fontane: “Los libros tienen su orgullo. Cuando se prestan no vuelven nunca”.

Amigo mío, últimamente mis pensamientos tienen un recorrido muy poco tranquilizador. No dejo de pensar en las tres generaciones de familiares que he conocido y que ya no están entre nosotros. También, varios amigos y conocidos… Por ello, a medida que me voy haciendo mayor –lo que ocurre más rápido de lo deseado-, no dejo de pensar en que, por ley natural, la generación a la que yo pertenezco, será la próxima –ya lo es- en emprender ese viaje sin retorno. Y todo habrá terminado.

No quiero preocuparte, querido amigo, ni que pienses que mi estado de ánimo flaquea (aunque a veces se debilita, ciertamente). O que me encuentro sumido en un mar de dudas existenciales. Se trata, únicamente, de una reflexión -o razonamiento- que considero necesaria. Una realidad incuestionable, que, a medida que pasan los años, se hace cada vez más patente. Es el ciclo de la vida: naces, creces, te reproduces (aunque no siempre ocurre), envejeces (aunque no siempre se llega) y mueres. Luego, te entierran. O te incineran y esparcen tus cenizas. ¡Qué más da! Lo cierto es que dejas de existir. Soy consciente, sin embargo, de que no debemos obsesionarnos pensando en ese final inevitable. Pero tampoco podemos vivir de espaldas a una realidad que está presente cada día.

Bueno, paciente amigo imaginario, te pido disculpas por haberme puesto tan trascendental. Espero no haberte inquietado con mis pesimistas y melancólicas reflexiones. Pero, en mayor o menor medida, todos tenemos momentos mustios y tristones.

Un fuerte abrazo.

Robert



27 diciembre 2012


Amigo imaginario:

Esta última carta del año que termina, podría ser exactamente igual a la última del pasado año. Y es que las cosas continúan igual de mal. O peor. El incumplimiento de todo lo prometido por el señor Rajoy durante la campaña electoral, tiene sublevada a toda la ciudadanía. Y no es para menos. Dijo: “¡No voy a subir el IVA!”, “¡No voy a recortar en la Educación!”, “¡No voy a recortar en la Sanidad!”, “¡No voy a tocar las pensiones!”... Salió elegido por amplia mayoría. Y le faltó tiempo para desenfundar las tijeras -que tenía convenientemente engrasadas-, y empezar a recortar a diestro y siniestro... Ahora, también el ministro de Justicia –con un desmesurado afán de notoriedad- se sacó de las puñetas de la bocamanga de su toga, unas tasas que dejan indefensos a los ciudadanos con menos recursos. Y, según parece, la situación todavía puede empeorar… ¡Y yo con estos pelos!

Consecuentemente, y como no podía ser de otra forma, las protestas no se hicieron esperar. Y todos los colectivos profesionales afectados, con el incondicional apoyo de los ciudadanos, manifiestan su indignación y total desacuerdo con las drásticas y, suponemos, erróneas medidas adoptadas por el Gobierno. A pesar de ello, el Ejecutivo, haciendo gala de una desmedida arrogancia –por otra parte, característica en el Partido Popular-, ignora con insolente indiferencia, impasible el ademán, las protestas ciudadanas.

Amigo mío, entre que no actualizan las pensiones, el copago (o repago, o sobrepago) de los medicamentos, la supresión de la gratuidad de los traslados en las ambulancias…, los jubilados estamos sentenciados. Es un sutil método de exterminio, sin violencia, sin intervención directa… ¡Que parezca un accidente! Hemos trabajado y contribuido a consolidar las empresas y a crear riqueza. Hemos cotizado a la Seguridad Social. Hemos pagado (y continuamos haciéndolo) nuestros impuestos… Pero ya no producimos y, además -¡qué nivel!-, cobramos una pensión de jubilación. Es decir, sobramos. Estamos de más. Y nos quieren quitar de en medio, porque somos una (pesada) carga para el Estado. Así que, paciente amigo, se avecinan tiempos difíciles para todos. Y para los jubilados –del mismo modo que en los pasatiempos de cierta relevancia-, la dificultad será de nivel tres.

Aunque, sorprendentemente, a pesar del negro panorama que se nos presenta, estoy empezando a pasar de la indignación y el cabreo permanentes, a la total y absoluta indiferencia. Me estoy dando cuenta de que, poco a poco, me voy acomodando en la apatía y la indolencia. Y eso, querido amigo, es para preocuparse. Y mucho.

Bueno, amigo imaginario, te deseo lo mejor para el próximo año, y que la influencia o confluencia de los astros te sea propicia.

Un fuerte abrazo.
Robert